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El trágico legado de Felipe Calderón

Ciudad de México. Noviembre 2012. P. Álvarez
El 1 de diciembre, cuando Enrique Peña Nieto, ganador de las elecciones presidenciales mexicanas del pasado 2 de julio, asuma el poder, va a recibir de su antecesor, Felipe Calderón, un país en llamas, sobrepasado por la violencia generada por el crimen organizado, con un reguero de muertos y un debilitamiento del Estado. El presidente saliente no sólo ha exacerbado en sus seis años de gobierno la violencia con una estrategia de seguridad muy criticada y basada en la utilización del ejército, que sólo parece haber servido para que las autoridades se vean rebasadas por el crimen organizado y algunas zonas del país estén prácticamente bajo control de los cárteles del narcotráfico.

Cartel en el que se acusa a Felipe Calderón de ser un "genocida"
Las víctimas de la violencia reprochan a Felipe Calderón haber exacerbado la violencia en México, provocando decenas de miles de víctimas.

Además, apenas ha hecho progresos en problemas con un alto impacto en la calidad de la democracia, como la corrupción o la impunidad. Y en materia económica, aunque México logró capear mejor de lo esperado la crisis internacional, ha quedado en estos seis años rezagado respecto a las otras grandes economías emergentes como China, India o Brasil, pero además la pobreza y la precarizad laboral han aumentado.

La transición democrática que empezó hace 12 años cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió el poder a manos del conservador Partido Acción Nacional (PAN) tras haber gobernado México de forma interrumpida de 1929 al año 2000, parece haber quedado truncada. Los dos decepcionantes gobiernos consecutivos del PAN, primero con Vicente Fox y luego con Felipe Calderón, han hecho que un PRI, que en todo este tiempo no ha hecho ningún ejercicio de revisión ni mucho menos de refundación, recuperara la presidencia.

La candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, quedó en los comicios de julio pasado en tercera posición, muy lejos de los dos primeros, Peña Nieto y el aspirante de la izquierda por segunda vez consecutiva Andrés Manuel López Obrador. Los analistas atribuyeron parte de este mal resultado a la mala campaña que llevó a cabo la que fuera jefa de campaña y ministra de Educación de Calderón, pero también lo achacaron a la mala imagen del gobierno.

Según la empresa encuestadora Mitofsky, Calderón dejó el gobierno con un índice de aprobación del 53%. Pese a que esto supone que más de la mitad de los ciudadanos avalan su desempeño, algo normal en país fuertemente presidencialista como México, se trata de la valoración más baja de los últimos cuatro presidentes. Por otro lado, sólo el 15% de los consultados consideró que había superado las expectativas generadas al inicio de su mandato, mientras que el 58% opinió que las defraudó.

El historiador y académico del Colegio de México Lorenzo Meyer destaca que el gobierno de Calderón partió con “un problema de origen bastante fuerte”, ya que su ajustada victoria en las urnas sobre López Obrador fue fuertemente cuestionada. Sobre todo después de una campaña con intervenciones ilegítimas a su favor de su correligionario Vicente Fox, que incluso intentó impedir que López Obrador concurriese a la elección mediante un polémico proceso, y de una importante organización empresarial. Pese a esos antecedentes y a las acusaciones de fraude.

La sospecha del fraude electoral hubiera podido disminuirse, quizás hasta eliminarse, si se hubiera aceptado que (…) un recuento hubiera sido lo apropiado”, con lo que “se hubieran evitado muchos problemas políticos”, sostiene Meyer.

Felipe Calderón
Felipe Calderón. (Fuente: Presidencia de México).
 

Apenas asumió el cargo, añade, “Calderón toma la gran decisión en diciembre de 2006  de lanzarse a la guerra abierta contra el narcotráfico”, en lo que todo el mundo ha interpretado como un modo de legitimar su cuestionado poder.

“El resultado ha sido un desastre porque exacerbó la violencia, no resolvió ni remotamente el problema del narcotráfico y quizás deja en un mayor problema del que México estaba en 2006. Ya hay, ahora sí, pequeños ejércitos del narcotráfico que han probado que ahora pueden enfrentarse con éxito al Ejército, a la Armada y a las policías”, lamenta el historiador.

Pocos días después de asumir el poder, en diciembre de 2006, Calderón comenzó a enviar contingentes conjuntos de policía federales y soldados a los estados con mayor presencia del narcotráfico, que había ido creciendo a base de transportar la cocaína producida en Sudamérica al vecino Estados Unidos, con el que le une una porosa frontera terrestre de más de 3.000 kilómetros.

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