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ESMA, el símbolo de la infamia
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El sitio fue fácilmente reconocido por quienes fueron liberados tras haber estado cautivos allí porque algunos pudieron reconocer desde su interior la Avenida Libertador y por los ruidos de los trenes que pasaban por una vía cercana, de los aviones que despegaban o aterrizaban en el cercano Aeroparque, el griterío del patio de una escuela de educación primaria anexa y el clamor del público en los días que había partido en el Estadio Monumental, sede del popular equipo de fútbol River Plate y de la final de la Copa del Mundo de 1978, situado aproximadamente a un kilómetro de distancia.

Estacionamiento del Casino de Oficiales de la ESMA
Estacionamiento del Casino de Oficiales por el que eran introducidos los secuestrados.
 

Tras pasar el control, el vehículo sigue unos metros hasta el Casino de Oficiales, un bloque de tres plantas apartado del resto de edificaciones. Se detiene en el estacionamiento situado en la parte de atrás y los esbirros bajan al secuestrado y lo introducen, todavía encapuchado y esposado, casi a rastras por una galería abierta que da al vestíbulo. En él, junto a un ascensor y unas escaleras que ascienden a las plantas superiores, hay una pequeña puerta de la que parten unos escalones que van hacia el subsuelo. Por ahí lo bajan y en el nivel inferior aparecen en un pequeño habitáculo donde un tipo sentado en una mesa registra al recién llegado en un libro. Por una puerta situada a su lado se filtra el sonido de la música a todo volumen. Acaban de ingresar al sótano, la primera escala del descenso a los infiernos de la ESMA.

La tortura

El sótano, el sitio donde despertó Raúl Cubas junto a una pila de cadáveres, era un espacio que sufrió varias modificaciones a lo largo del periodo de la Escuela de Mecánica como centro clandestino de detención y que fue utilizado para diversas funciones. Su uso más importante fue como lugar de tortura, para lo que se habilitaron varias salas. Pero también hubo otras dependencias, como una enfermería, un comedor o un laboratorio fotográfico. El número, tamaño y distribución de estas habitaciones fue cambiando conforme a las necesidades de los represores, siempre en torno a un pasillo central que éstos denominaron con sorna “Avenida de la Felicidad”, porque “acá todos cantan”, decían.

Ése era el primer lugar al que llevaban al detenido. Había que sacarle información lo más pronto posible sobre sus compañeros de militancia y salir a capturarlos, antes de que la desaparición de su colega les alertara y huyeran. Esta función de obtener información la llevaba a cabo otro sector de la Unidad de Tareas, el de “inteligencia”, cuyo máximo jefe era Acosta.

“Interrogatorios reforzados”, lo denominarían los represores años después, cuando tuvieron que rendir cuentas ante la justicia. Así se referirían a las palizas (que podían llegar a la muerte), al ahogamiento mediante la introducción de la cabeza en un balde de agua o en una bolsa de plástico, a los simulacros de fusilamiento, a las violaciones, a la quemaduras de cigarrillos, a los alfileres en las uñas, a colgar a los presos de las muñecas con los brazos en la espalda, a pisarles los testículos o a su método preferido para obtener respuestas: la aplicación de descargas eléctricas.

Esa especie de calentador que había visto Cubas cuando lo llevaron a la sala de torturas era la “picana”. Servía para hacer pasar corriente eléctrica por el cuerpo de las víctimas mientras estaban desnudas, tumbadas y atadas al camastro, con los brazos y las piernas extendidas. Solían centrarse en puntos particularmente sensibles, como las plantas de los pies, las encías o los genitales. Si el “interrogado” se resistía, le echaban agua para aumentar la intensidad de las descargas.

Entre los torturadores estaba el comisario de la Policía Federal Ernesto Frimon Weber, cuyo apodo era “Dos Veinte”. Aunque durante el juicio Weber aseguró que se debía a que 220 fue el número con el que se graduó en su promoción, los sobrevivientes de la ESMA aseguraron que correspondía al voltaje utilizado en Argentina (220 vatios), porque se jactaba de haber sido el que instruyó a los otros miembros de la Unidad de Tareas 3.3.2 en el uso de la picana.

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