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ESPECIAL
ESMA, el símbolo de la infamia
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El 16 de enero de 1977 fueron a casa de Santiago Lennie y Nilva Zucarino en busca de su hija, Cristina Lennie, militante montonera. Como no la encontraron, se llevaron al matrimonio y a su otra hija, la menor, Sandra, de 18 años.

Entrada de la ESMA
Entrada de la ESMA.
 

Santiago y Nilva estuvieron tres semanas secuestrados. Fueron torturados varias veces. Mientras le preguntaban por Cristina, de la que no sabían nada desde hacía un mes, y le prometían la libertad si hablaba, Santiago pudo oír cómo violaban a una mujer en una habitación contigua. En la última sesión, lo sentaron junto con su mujer en un banco con los ojos vendados. De repente empezaron a escuchar los gritos de dolor, en esa misma habitación, de Sandra, a la que exigían que les dijera dónde estaba su hermana. Santiago les pidió a gritos que lo torturaran a él. En un momento dado, le levantan la capucha a Nilva y ve a su hija pequeña atada a una cama y sobre su cuerpo desnudo, los signos de los tormentos.

Ese mismo día, el 9 de febrero, les dejaron en libertad, pero se quedaron con Sandra. Si querían volver a verla con vida tenían que entregarles a Cristina. Por suerte, Sandra fue liberada también un mes después.

“Si no cantás le vamos a aplastar la cabeza”

El 18 de noviembre de 1978 Carlos Lordkipanidse fue “chupado” en el centro de Buenos Aires. Fue llevado encapuchado a la ESMA y, una vez en el sótano, le golpearon y lo metieron a un cuarto, donde que lo ataron a una cama. Le quitaron la capucha y pudo ver a un grupo bastante numeroso de gente, de la que pudo saber sus apodos. El cabecilla era sin duda “Santiago” (uno de los apodos de Acosta). También estaban “Jerónimo”, “Manuel”, “Piraña”, “Espejaime”, “el Gordo Daniel”, “Federico”…

“Gonzalo”, un joven rubio de ojos azules y aspecto deportivo cuyo auténtico nombre, sabría más tarde, era Alfredo Astiz, lo “picaneó” en el estómago mientras los demás observaban. Por sus preguntas parecían tener unas altas expectativas sobre la información que de sus compañeros de las Juventudes Peronistas podía proporcionarles.

Al rato salen todos de la habitación y Lordkipanidse se queda sólo “Manuel”, quien le informa de que también tenían a su mujer, Liliana Pellegrino, a su hijo Rodolfo (nacido apenas 20 días antes), su primo y otros compañeros. Cuando Acosta hubo regresado, vuelve a comenzar la tortura. Tras media hora de descargas eléctricas, “Santiago” se impacienta.

- ¿Éste no fue capturado con la mujer y el hijo?.

Azic sale de la sala y Lordkipanidse oye el grito de su mujer: “Con el bebé no, hijos de puta”. El prefecto regresa con el niño colgado por los pies.

- “Si no cantás le vamos a aplastar la cabeza contra el suelo”.

Lordkipanidse no tenía las respuestas a sus preguntas, así que “Piraña” le coloca a Rodolfo sobre el pecho y le vuelve a aplicar la picana. Mientras siente la corriente recorrer violentamente toda su anatomía, oye cómo Rodolfo se pone a llorar…

Adolfo Donda, más conocido entre los prisioneros como “Jerónimo”, intentó emular la hazaña de su gran amigo Azic cuando, en agosto de 1979, secuestraron a Víctor Basterra. Capturarlo no fue difícil. Él y Fernando Peyón lo encontraron postrado en su casa, pues se estaba recuperando de una operación de hernia. De paso se llevaron también a su mujer y a su hija de dos meses de edad. Lo que no resultó tan fácil fue sacarle información. Pese a su estado convaleciente, parecía resistir bien a los mordiscos de la picana, así que Donda decidió utilizar métodos más drásticos. “Vamos a traer a tu hija, te la vamos a poner en el pecho y la vamos a torturar. Vas a ver cómo vas a saltar vos y tu hija”. Abrió la puerta y fue a por la criatura, que habían dejado al cuidado de otra presa, Blanca García. Pero ésta se aferró a ella y “Jerónimo” no fue capaz de arrancársela de los brazos.

(sigue)
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