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ESPECIAL
ESMA, el símbolo de la infamia
2ª parte (3)

Los martes se reunía un grupo de oficiales del sector de inteligencia, encabezados por Acosta, para elegir a aquellos prisioneros a los que ya no podían sacar más partido. Al día siguiente llegaban con la lista a Capucha y los nombraban por su número de identificación. Los seleccionados debían tomar apresuradamente sus cosas y, entre empujones de los guardias, alinearse frente a las cuchas. Después salían en fila y no los volvían a ver.

Les decían que los trasladaban a campos de trabajo del sur de Argentina donde eran ‘blanqueados’, es decir, pasaban a ser detenidos legales. Dejarían de estar desaparecidos y sus familias sabrían que estaban vivos y podían ir a visitarlos. Así que, al principio, ser trasladado era visto como un recompensa y todos ansiaban ser elegidos. Algunos incluso se atrevían a pedir a los represores entrar en el próximo traslado.

Pero pronto empezaron a dudar de la explicación de los campos de trabajo.

Por una parte, estaba el clima de tensión que se respiraba antes y durante cada “traslado” esos días todos debían permanecer tumbaos en sus colchones en completo silencio y los ‘verdes’ (los estudiantes de la Escuela asignados a labores de vigilancia) y ‘pedros’ (los suboficiales) estaban más irascibles de lo habitual.

Fachada de la ESMA
La fachada principal del complejo de la ESMA.
 

El tema de los traslados era además tabú para los carceleros, que se ponían agresivos si se les preguntaba al respecto. Y la violencia con la que eran sacados de sus cuchas los “agraciados” con el traslado no cuadraba con el supuesto avance que suponía salir del centro de detención.

Las sospechas aumentaron cuando comenzaron a ver prendas de compañeros que habían sido “trasladados” vestidas por presos nuevos.

Los miércoles que había traslado ningún preso era llevado al sótano. Y los jueves ese lugar tenía un intenso olor a desinfectante y alguna vez apareció una caja llena de grilletes. Además, en uno de los estacionamientos, junto a una puerta que también llevaba al sótano, empezaron a aparecer marcas en el suelo, como de la goma de un zapato siendo arrastrada.

El “traslado” de Tincho

En febrero de 1977, aproximadamente un mes después de haber sido secuestrado, Emilio Assales, un fornido suboficial de la Armada caído en desgracia conocido en Capucha como ‘Tincho’, recibe la noticia de que va a ser trasladado. Como luego le relataría a otro prisionero, Martin Gras, lo bajan al sótano junto con los otros seleccionados y ahí les dicen que van a ir a un lugar donde estarán en mejores condiciones, pero que antes debían ponerles una vacuna. Les aplican a todos una inyección en el brazo.

Tincho’ siente enseguida que empieza a perder la consciencia y, antes de desvanecerse, ve cómo los demás se ponen a vomitar y van cayendo dormidos, tras lo cual son sacados a rastras por esa otra puerta que daba al estacionamiento, dejando con la suela de los zapatos una marca en el suelo. Cuando empieza a volver en sí se encuentra subido en un avión, desnudo y tirado en el suelo junto con los otros trasladados. Todos están dormidos, pero a él, por su corpulencia, ya se le va pasando el efecto el somnífero de pentotal (los marinos lo llamaban ‘pentonaval’) que le han aplicado.

Pese a la vista nublosa, alcanza a ver a uno de los guardias, Carlos Galián, alias ‘Pedro Bolita, que le pregunta su nombre: “Tincho”, le responde. No puede creer cuando siente que ‘Pedro Bolita’ lo agarra y lo baja del avión. Resulta que el SIN tenía interés en interrogarle y no lo había hecho todavía.

- Quiero ir al sur - balbucea ‘Tincho’.

- Te salvaste, pibe – se limita a replicarle el ‘pedro’.

Silvia Labayrú, nuera de Santiago Lenni y Nilva Zucarino, cayó secuestrada el 29 de diciembre de 1976. Estaba embarazada de cinco meses. A pesar de su evidente estado de gravidez, fue torturada. En esa condición, su estancia en la ESMA, como la de otras embarazadas, fue particularmente dura. Entre otras cosas, debía hacer sus necesidades agachándose trabajosamente sobre un balde delante de todo el mundo. Como consecuencia del maltrato su hijo fue diezmesino. Fue entregado a sus familiares, pese a lo cual Silvia siguió temiendo lo que pudieran hacerle.

“El mar nos ayuda”

Un día, a mediados de 1977, Labayrú le pidió a Astiz ser trasladada. Quería ir a uno de esos famosos campos de trabajo para que sus padres pudieran llevarle a su hijo para verlo. Astiz, con aire sombrío, le respondió que nunca más debía pedirle eso. Ante su insistencia acabó contándole la verdad: “El mar nos ayuda”. Los “trasladados” eran efectivamente dormidos, desnudados y subidos a un avión que sobrevolaba el mar, donde los iban tirando uno a uno, todavía vivos. “Eso sí, los tiramos dormidos”, matizó, como a modo de justificación, Astiz, que le explicó además que los presos no morían ahogados.

- Desde esa altura, el mar no es blando, actúa como una plancha de acero, por eso se desnucan. Pero si no, están las orcas - le explicó.

Por lo tanto, ‘Tincho’ sí se había salvado cuando ‘Pedro Bolita’ lo bajó de ese avión. Pero sólo consiguió ganar un poco de tiempo. Días después, ya satisfecha la curiosidad del SIN, fue efectivamente “trasladado” y nunca más se supo de él. Tampoco se supo nada de Schapira, que no pudo conocer a su hijo, pues su mujer tenía un mes de embarazo cuando fue detenido.

(sigue)
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