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ESPECIAL
ESMA, el símbolo de la infamia
2ª parte (7)

Entre las propiedades saqueadas por los matones de la Escuela de Mecánica estuvieron las de uno de los hombres más buscado por las Fuerzas Armadas: el escritor y periodista montonero Rodolfo Walsh. En septiembre de 1976 habían allanado una casa suya en las afueras de Buenos Aires y, días después, el Ejército asesinó a una de sus hijas, María Victoria, que se resistió a ser detenida. Para los oficiales de inteligencia, Walsh era casi como una leyenda. Corrían rumores como que iba disfrazado de cura. “El fantasma Walsh”, lo llamaban.

El 25 de marzo de 1977 encuentran una buena pista sobre él y una patota sale en su búsqueda a esperarlo en el punto de encuentro de una cita que había acordado. Si lograban ‘chuparlo’, la información que le podrían extraer sería valiosísima.

Ese día Martín Gras, prisionero desde el 14 enero de ese año, estaba en el sótano con otros secuestrados haciendo su trabajo forzado de lectura y recorte de artículos de prensa cuando escucha una gran agitación y que estaban obligando a todos a salir del lugar. Picado por la curiosidad consiguió quedarse rezagado y meterse en el baño. Cuando oyó de nuevo ruido, salió haciendo como que se estaba subiendo la cremallera del pantalón.

Sótano del Casino de Oficiales de la ESMA
Aspecto actual del sótano del Casino de Oficiales de la ESMA, donde fue llevado Rodolfo Walsh tras ser tiroteado.
 

- ¿Pero qué hace este pelotudo acá? - pregunta, molesto, uno de los represores al verlo.

“Lo cagamos a tiros y no se caía”

Entonces lo sacan a empujones por la escalera a la planta principal, pero cuando está a mitad del ascenso, se tropieza con un grupo de miembros del sector operativo que baja apresuradamente con una camilla en la que transporta un cuerpo inerte desnudo de cintura para arriba. Gras alcanzó a ver que se trata de Walsh y lo que parecían dos impactos de bala en su pecho. “Se nos quedó”, dijo un rato después de haberlo bajado al sótano uno de los matones.

Los integrantes de la patota que salió a por Walsh comentaron ante algunos presos, como era habitual, la acción en la que lo capturaron y éstos pudieron reconstruir su asesinato: cuando iban a atraparlo “algún boludo gritó ‘¡Alto, policía!’”, por lo que escritor sacó una pistola e intentó defenderse, desatándose un tiroteo en el que resultó muerto.

- Se parapetó detrás de un árbol y se defendió con un arma. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta - contó Weber.

Astiz, que era aficionado al rugby y le gustaba aplicaba esta disciplina deportiva en los operativos, se lamentaba de que si le hubieran dejado takclear al periodista montonero lo habrían capturado con vida.

Walsh sigue desaparecido hoy en día. No se sabe a ciencia cierta cuál fue el destino de su cuerpo, pero algunos prisioneros oyeron hablar a miembros de la Unidad de Tareas de “ese escritor que echamos a la parrilla”.

Y es que no todos los desaparecidos fueron lanzados al mar en los infames ‘vuelos de la muerte’. Algunos aparecían muertos en enfrentamientos inventados con las fuerzas de seguridad o envenenados con cianuro en la calle. Y se sospecha también que los cuerpos de los que fallecían durante el secuestro, la tortura o cuando no había muchos presos para ser trasladados, eran cremados y sus restos enterrados en el campo de deportes de la ESMA, como podría haber sido el caso de Walsh. En la actualidad ese campo deportivo todavía no ha sido rastreado en busca de posibles víctimas.

Tras el asesinato y desaparición de Walsh, su casa fue saqueada. Acabó en manos de la familia de uno de los policías locales que participó en el allanamiento. Sus bienes, incluidos algunos de sus cuentos, proyectos en los que estaba trabajando y un manuscrito de su última obra, inédita, “Juan camina por el río”, fueron vistos en ‘la Pecera’ por algunos detenidos y ahora están perdidos.

Sin embargo, en el Casino de Oficiales tenía lugar un robo mucho más terrible. Un crimen todavía más cruel e inhumano que el secuestro, que la tortura, que ‘Capucha’, más siniestro incluso que el asesinato y desaparición de personas.

Un hermano en cada bando

Cerca de un mes después de la muerte de Walsh, fue arrestado por el cuerpo de Aeronáutica el matrimonio formado por José María Donda y María Hilda Pérez. Ella estaba embarazada de cinco meses.

José María había estudiado en el Liceo Naval, pero finalmente no se decantó por la vida castrense, que sí había elegido su hermano Adolfo Donda, que tenía el alias de ‘Jerónimo’ y era diez años mayor que él. En cambio, tenía inquietudes políticas y comenzó a militar en alguna organización hasta que terminó en Montoneros, al igual que su mujer. Esto atormentó a ‘Jerónimo’ durante su carrera en la Armada, pues en la mayoría de sus destinos sus superiores le preguntaban por la actividad de su hermano.

En un momento de su detención María Hilda fue llevada a la ESMA. Ella sola. Ahí fue a visitarla su cuñado, que en ese momento no estaba destinado en la Escuela de Mecánica. Había estado primero en 1973 como jefe de seguridad y después, en distintos periodos de 1976, en comisión temporal. ‘Cori’, como era conocida entre los demás presos, se ilusionó al verlo, ya que hasta ese momento temía que le fueran a quitar a su bebé cuando naciera. Al hablar con Adolfo, éste le prometió que se lo entregaría a su madre.

(sigue)
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