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ESMA, el símbolo de la infamia
3ª parte: El grupo de la Santa Cruz (2)

Para ser aceptado en el grupo, Astiz se presentó con el nombre de Gustavo Niño -identidad apoyada por documentos falsos elaborados por el sector de logística de la ESMA- y aseguró que venía de la ciudad de Mar del Plata para buscar en la capital a su hermano desaparecido.

Joven, guapo, rubio, de aspecto atlético y siempre bronceado, se ganó pronto el afecto de algunas de las madres, a quienes les recordaba por su edad a sus hijos ausentes. En otras despertó suspicacias ya que en las reuniones siempre hacía las sugerencias más osadas y decía cosas poco prudentes como que su hermano era montonero. Su objetivo oculto era empujar a los demás a secundarlo o a hacer confesiones comprometedoras que le confirmaran el carácter subversivo del grupo.

Sin embargo, Gustavo Niño era atento con ellas. Siempre las llevaba en su coche último modelo a hacer gestiones y nunca parecía tener problemas de horarios.

Comenzó asistiendo a las reuniones con una hermana, una joven morena que siempre estaba muy callada pero que pronto dejó de acompañarlo. En su lugar fue otra hermana, más parecida a él, igualmente con un aire tímido y reservado, por lo que no levantó sospechas.

Esas “hermanas” eran en realidad Norma Burgos y Silvia Labayrú, dos cautivas a las que los miembros de la  Unidad de Tareas obligaban a ir con Astiz para darle credibilidad a su identidad encubierta. Subyugadas y aterradas, cualquier intento por destapar al marino hubiera significado su muerte y un riesgo para sus familias, incluido el hijo de Labayrú. Al principio, eligió a Burgos, pero luego la sustituyó por Labayrú ya que se le parecía más.

"¿Qué hacemos aquí? Vamos a la plaza"

Gustavo Niño era particularmente amable con Azucena Villaflor, una de las líderes del grupo y de la asociación Madres de Plaza de Mayo, quien le tomó cariño pues era más o menos de la misma edad que Néstor, su hijo desaparecido. Pasaba tanto tiempo con ella que algunas otras madres pensaban que era su hijo.

Madres de la Plaza de Mayo

Azucena Villaflor propuso a las otras madres ir a manifestarse a la Plaza de Mayo.

 

Azucena fue la que un día, cuando estaba esperando en una sala junto con otras 13 madres a que las atendiera el secretario del vicario castrense, en abril de 1977, exclamó:

- ¿Qué estamos haciendo aquí? Individualmente  no vamos a conseguir nada. Vamos a la plaza. Cuando vea que somos muchas, Videla tendrá que recibirnos.

- ¿A qué plaza?.

- ¿A qué plaza va a ser? A la Plaza de Mayo.

Así nació la organización y comenzaron las rondas de la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, sede de la presidencia, para pedir información sobre el destino de los detenidos. Las “madres comunistas” las llamaban al principio. Pero se acabaron convirtiendo en el símbolo más conocido internacionalmente de la lucha contra la represión.

La temeridad de "el rubio"

En las concentraciones en la Plaza de Mayo aparecía también, desafiante, Gustavo Niño, pese a que las madres le decían que no fuera, que era peligroso, que se exponía mucho, pues era fácilmente reconocible, a diferencia de ellas, que se tapaban la cabeza con un pañuelo blanco para que fuera más complicado identificarlas. “El rubio”, lo llamaban cariñosamente.

Astiz, que informaba de sus movimientos directamente al 'Tigre' Acosta, no conseguía pruebas de las conexiones de las madres con el comunismo internacional, con grupos guerrilleros ni con nada que se le pareciera.

Los demás miembros del grupo eran, además, muy discretos respecto a sus vidas privadas o sus pensamientos políticos, pues en esos tiempos de terror en Argentina la prudencia se había convertido en ley de vida.

No obstante, el marino continuó con su misión, que, según la versión que contaba dentro de la ESMA y que llegaba a oídos de los detenidos, era muy peligrosa.

(sigue)
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