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ESMA, el símbolo de la infamia
3ª parte: El grupo de la Santa Cruz (7)

Acosta se puso a cavilar sobre cómo salir de esa situación. Las torturas no estaban resultando. Los detenidos no parecían tener relación con Montoneros ni con ninguna organización que se le pareciese. No tenían nada en concreto que pudiera justificar su secuestro. Nada con que contentar a la Junta.

'El Tigre' daba vueltas como loco por el Casino de Oficiales. De repente, vio a Ana María Martí en Pecera, donde era obligada a clasificar libros y a hacer traducciones de la prensa extranjera, y se le ocurrió una posible salida.

- Vos hablas francés ¿no? Lo que podríamos hacer es darte el documento de la monja, te hacemos salir por Chile y ahí desapareces.

Pero descartó esa idea inmediatamente. No se fiaba de Martí. Al menos, no todavía. No se había “recuperado” aún y podía causarles problemas. No tardó en dar con otra solución.

El montaje de la foto con la bandera montonera

Poco después, Héctor Febres mandó a buscar al detenido Ricardo Coquet. Cuando lo tuvo delante, le llamó por el apodo por el que era conocido entre sus compañeros.

- Serafín, ¿te acordás de cómo era la bandera de Montoneros?

- Sí, me acuerdo.

- Te voy a traer una tela y un aerosol y tenés que hacer una pancarta de Montoneros.

Coquet, a quien los represores forzaban a hacer labores de diseño gráfico y de falsificación, había sido secuestrado por su militancia en la Juventud Universitaria Peronista, que respondía orgánicamente a Montoneros. Recordaba perfectamente la insignia del grupo guerrillero: un fusil y una lanza hecha de caña de tacuara que se cruzan.

Foto de Domon y Duquet en la ESMA
Acosta ordenó a un preso dibujar una bandera de los Montoneros para simular el secuesstro de Domon y Duquet.
 

Una vez terminada la insignia, Acosta fue a la Huevera e hizo traer a Camilo Hernández, al que empleaba en el laboratorio de fotografía. Cuando Hernández, a quien le faltaba apenas un mes para cumplir un año en la ESMA, entró a la pieza vio a dos mujeres bastante mayores para lo que era habitual ahí. Estaban demacradas. Claramente habían sido torturadas. Detrás de ellas, colgada en la pared de cartones de huevos, había una bandera montonera bastante rudimentaria.

Hernández no intercambió ninguna palabra con esas dos mujeres. No se hubiera atrevido en presencia de 'El Tigre', que les dio un ejemplar de La Nación de ese día y ordenó al prisionero que les tomara unas fotos.

- Asegurate de que en el encuadre se vea el periódico y que sea lo suficiente nítida para que se pueda leer la fecha.

Los tormentos no parecían haber doblegado a la dos señoras, pese a su edad, que no estaban dispuestas a colaborar con la toma de la imagen hasta que Febres las golpeó con una manguera gruesa.

Hernández tomó varias fotos de Domon y Duquet. En alguna de ellas también aparecían algunas otras señoras mayores presas a las que Hernández no había visto antes. Pero Acosta finalmente utilizó solamente una, la que recibió unos días después la agencia AFP en Buenos Aires con el falso comunicado de Montoneros y la carta de Domon.
(sigue)
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