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ESPECIAL
México: ciudadanos en pie de guerra
contra el crimen organizado
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Mientras, las autodefensas se han seguido enfrentando a tiros con los Templarios ante lo que denuncian como pasividad o incapacidad de las fuerzas militares y policiales desplegadas por el gobierno.

En algunos lugares éstas han llegado a acuerdos de colaboración, pero los grupos de autodefensa ponen como condición para deponer las armas que las autoridades capturen a los principales líderes de los Templarios.

El régimen de terror de los Caballeros Templarios

Los habitantes de Tierra Caliente no están dispuestos a correr el riesgo de volver a la situación anterior, cuando los narcotraficantes campeaban a sus anchas fuertemente armados, secuestraban, asesinaban, violaban y extorsionaban indiscriminadamente.

Los delincuentes “nos cobraban cuota de todo”, afirma Misael González, el propietario de un aserradero que dirige ahora la fuerza de autodefensa de Coalcomán. Este pueblo de unas 25.000 almas, dedicado principalmente a la explotación de recursos forestales y en menor medida a la ganadería y la agricultura, fue uno de los tres primeros en Michoacán en tomar las armas, en febrero pasado.

“A las empresas madereras les cobraban 120 pesos por metro cúbico (de producción), a los ganaderos le cobraban por cada kilo (de carne) que se vendía. Además, corrieron (expulsaron) a todos los que se dedicaban a comprar ganado aquí en Coalcomán y mandaron a una sola persona, que era la única que podía comprar y ponía los precios que quería”, relata.

También se habían apoderado de las empresas mayoristas de la zona que compran los dos principales productos agrícolas de la región: el aguacate y el limón. De ese modo, controlaban la actividad económica, imponían los precios que querían y podían llevar a la ruina a un agricultor inconforme negándose a comprar su cosecha.

 
 

En junio, José Mireles, un médico cirujano de la vecina localidad de Tepalcatepec erigido en uno de los líderes de las milicias, explicó en un video por qué se alzaron en armas. En él relataba con todo lujo de detalles los abusos a los que habían estado sometidos antes de sublevarse, provocando una ola de indignación en todo el país.

Los Templarios, aseguraba, se dedicaban a “explotar a la comunidad, a pedirle cuotas, derecho de piso (cuotas por una actividad económica) y permiso por vivir a toda la gente del pueblo, desde el señor que vende tomates en el mercado a los grandes empresarios”.

Por ejemplo, indicaba, cobraban a los ganaderos 1.000 pesos (unos 75 dólares) por cada res que comercializaran y a los carniceros 15 pesos (poco más de un dólar) por kilo de carne vendida. El que no pagaba podía aparecer con un balazo en la cabeza o simplemente no volver a aparecer, ni vivo ni muerto.

Hasta los escolares, “desde la guardería hasta la preparatoria, tenían que pagar 20 pesos (1,5 dólares) todos los lunes. Ya teníamos que pagar por poder vivir”, se lamentaba Mireles.

Sin embargo, la situación se volvió insostenible “cuando estos señores, no conformes con quitarle el dinero a la gente, desde la más jodida hasta la más acomodada, empezaron a meterse con la familia y a violar niñas de 11 y 12 años”. “Nada más en la secundaria de mis hijos en el mes de diciembre fueron violadas 14 niñas”, agregaba.

“Llegaban a tu casa y te decían: ‘Me gusta mucho tu mujer, ahora te la devuelvo, pero, mientras, me bañas a tu niña, porque ésa sí se va a quedar conmigo varios días’. Y no te la regresaban hasta que estaba embarazada. Ese fue el problema detonante de la situación en Tepalcatepec”, continuaba el galeno.

“Las personas que tuvieron el heroísmo de presentar una denuncia amanecían muertos junto con su familia. Y la demanda que habían presentado aparecía en la puerta de su casa hecha pedazos”, destacaba.

El “levantamiento” en Tepalcatepec fue liderado por los ganaderos de la zona, pero en las policías ciudadanas de ésta y de otra regiones de México en las que han surgido hay desde empresarios hasta campesinos, pasando por maestros o comerciantes.

Acusaciones de complicidad con narcotraficantes rivales

Los miembros de los Caballeros Templarios debieron dejar los pueblos en los que surgieron autodefensas, pero siguieron al acecho. Al principio intentaron revertir la situación acusando a estos grupos de complicidad con el cártel de Jalisco Nueva Generación.

Policía comunitario de Tototepec
Las milicias están formadas por voluntarios que patrullan y vigilan para evitar la acción de los narcotraficantes.
 

En una grabación colgada también en Youtube, un líder de los Templarios, Dionsio Loya, apodado El Tío, conminaba al jefe de la autodefensa de La Ruana (a escasos kilómetros de Buenavista), Hipólito Mora a alcanzar “un pacto de paz y civilidad y con ello evitar más muertes de inocentes”.

“Y si no llegamos a ningún acuerdo que beneficie a la sociedad te reto a un duelo a muerte”, agregaba El Tío ante la cámara vestido con un sombrero vaquero y un pañuelo rojo atado al cuello, del que también colgaba un crucifijo. Cuando una televisión mexicana fue hasta La Ruana y le mostró el mensaje a Mora, éste, sonriendo, clamó sin ningún reparo: ”El primer petaso se lo pego en la pura frente”.

Misael González niega cualquier vínculo de su autodefensa con ningún cártel: “Es pura gente del pueblo, gente tranquila. Aquí no hay gente de fuera que puedas decir que es de otro grupo criminal”. Al contario, añade, “en Coalcomán se ha tomado la decisión de terminar a este grupo de los Templarios y no volver a dejar entrar a otro grupo porque esta gente se dedica a hacer puros males”.

Uno de los aspectos que hace dudar de la espontaneidad de estas milicias son las armas que portan. Junto con escopetas de caza y otras armas reglamentarias, hay otras cuyo uso en México está restringido exclusivamente al ejército: AR-15, rifles, con mira telescópica y AK47. Esta arma, conocida como cuerno de chivo por la forma de su cargador, es la favorita de los narcotraficantes.

Al principio, aseguraban que en esa región “todo el mundo tiene armas”, en palabras de González, que justifica la necesidad de tal arsenal en los medios con que cuenta el narcotráfico. “A un cuerno de chivo no se le puede enfrentar con un .22. Algunas armas estaban escondidas o enterradas por muchos años y hoy la gente las saca”, sostiene. Además, vecinos que emigraron a Estados Unidos les avisó de que “en casa tenían armas y que fuéramos a buscarlas: es un pueblo con esa cultura de tener armas”.

Ahora, con el crecimiento de las autodefensas y de su poder de fuego, afirman que muchas de sus armas se las han arrebatado a los Templarios con los que se han enfrentado.

El empresario maderero celebró el año pasado la llegada del ejército a principios tras el escándalo que supuso la difusión por televisión de la situación en la zona, pero lo que no le gustó fue el intento por desarmar a las autodefensas. Cuando lo hicieron, “se les hizo una manifestación con más de 10.000 personas donde todo el mundo les pedía que entregaran a los criminales, que se le diera seguridad al pueblo y entonces las armas se le entregarían”.

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