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Perú deshoja de nuevo la margarita del fujimorismo

Lima. 4 de junio de 2016. Pablo Pérez Álvarez.
Perú vuelve a enfrentarse al dilema de si le otorga otra vez el poder a un Fujimori, 16 años después el fin del régimen autoritario de Alberto Fujimori (1990-2000). Su hija y heredera política, Keiko, vuelve a aspirar a la presidencia cinco años después de que se quedara a las puertas por muy poco. Este domingo, 5 de junio, 23 millones de peruanos con derecho a voto eligen en segunda vuelta al que será su presidente para los próximos cinco años. Y nuevamente el país está dividido en torno a un apellido ligado a un gobierno que genera una amplia controversia en el país sudamericano, por las violaciones a los derechos humanos que cometió y por la desbordante corrupción que emanó de su cima y que al principio de su tercer mandato obligó al gobernante a huir a Japón, la tierra de sus padres, y renunciar por fax.

manifestación contra Keiko Fujimori en Lima
La relación del narcotráfico con el fujimorismo ha sido un tema central durante el último tramo de la campaña electoral.

Keiko tiene enfrente a un rival aparentemente débil, el ex primer ministro Pedro Pablo Kuczynski (denominado popularmente PPK), a quien casi dobló en votos en la primar vuelta, pero que podría beneficiarse del rechazo que genera el fujimorismo en un sector nada desdeñable de la ciudadanía. Se trata de dos opciones que se diferencian muy poco en sus programas electorales, continuistas del modelo ultraneoliberal impuesto por Fujimori padre y que se ha mantenido inalterado desde entonces. La diferencia es que en la primera vuelta Keiko sacó casi el doble de votos que su rival. Pese a eso, las encuestas de intención de voto dan un resultado muy cerrado. Y es que el dilema no es entre Keiko y PPK. El dilema es Fujimori sí o Fujimori no.

Las cábalas apuntan a una victoria de Keiko, que se convertiría en la primera mujer que gobierna Perú. Desde la caída del régimen fujimorista y el regreso a la democracia, todos los candidatos perdedores en la segunda vuelta de una elección, han ganado a la siguiente oportunidad. Keiko perdió en 2011 frente a Ollanta Humala, que llegó al poder con un programa de izquierdas y de cambio que olvidó muy pronto y que se marcha con una aprobación popular bajo mínimos.

A partir de esa derrota, Keiko decidió cambiar la imagen del fujimorismo. Este cuenta con el núcleo duro de votantes, nostálgicos del gobierno del padre, más numeroso del país, de algo más del 20%. Un porcentaje que ya quisieran para sí las demás formaciones del débil sistema de partidos peruano, donde se impone el personalismo de un puñado de políticos con pequeñas cuotas de popularidad y que en cada elección se acomodan a conveniencia como si de un mercado futbolístico de fichajes se tratara.

¿Cómo se explica la popularidad de un régimen que fue considerado uno de los 10 más corruptos de la historia moderna en el mundo por Transparencia Internacional y cuya cabeza, Alberto Fujimori, cumple una condena de 25 años de prisión por varios casos de violaciones a los derechos humanos (incluidas dos matanzas de civiles) y la apropiación de fondos públicos?

Una herencia política controvertida

Por una parte, el gobierno de Fujimori se atribuye la derrota de Sendero Luminoso, la brutal guerrilla maoísta que había iniciado en 1980 una sangrienta guerra interna que dejó casi 70.000 muertos y más de 12.000 desaparecidos. Muchos analistas aseguran que las bases para la victoria sobre Sendero ya estaban puestos desde el gobierno anterior de Alan García (1985-1990), pero Fujimori se llevó los laureles y se ganó una fama de eficiente contra la inseguridad, el principal problema del país en la actualidad.

También logró, por medio de duras medidas de ajuste, sacar al país de la grave crisis económica, con una hiperinflación descontrolada, que heredó.

Keiko Fujimori en un mitin electoral
El fujimorismo todavía cuenta con un importante voto duro de nostálgicos del régimen de Alberto Fujimori.
 

Pero más importante que eso, Fujimori, con una política populista y clientelar se ganó a buena parte de las clases más populares, que todavía recuerda que éste iba a lugares a los que nunca había ido un presidente a inaugurar escuelas, puestos de salud, puentes… “La votación de Keiko Fujimori responde a eso, al recuerdo de un autócrata que lo que hacía básicamente era no resolver temas de fondo, pero que construyó una relación con la población en base a pequeña obra en pueblos”, aseguro el analista y bloguero Alejandro Godoy.

Además, la corrupción de su gobierno (durante el que se calcula que desaparecieron de las arcas públicas 6.000 millones de dólares de la época) ha quedado parcialmente diluido por lo que vino después. “Durante los últimos 15 años la base política que gobierna en la democracia recuperada se comporta con la mayor frivolidad, cayendo en la corrupción”, apunta el sociólogo Carlos Basombrío.

De los tres presidentes electos que sucedieron a Fujimori, Alejandro Toledo (2001-2006) está siendo investigado por enriquecimiento ilícito; a Alan García (2006-2011) le han achacado varios casos de corrupción, incluido el indulto de miles de narcotraficantes, y a Ollanta Humala le esperan con toda seguridad investigaciones por el origen dudoso de varios millones de dólares durante sus dos campañas electorales. Y el comportamiento de ministros, gobernadores regionales y diputados no ha sido mucho más ejemplar.

Y el comportamiento de ministros y diputados no ha sido mucho más ejemplar. “La gente está totalmente decepcionada con la política y dicen que si todos roban, por lo menos ‘el chino’ sabía ayudarnos, se preocupaba de nuestras cosas. Ese es el razonamiento”, insiste Basombrío.

Keiko se ha preparado esta elección durante cinco años

Pero pese al consistente caudal político heredado de su padre, Keiko fue consciente de que el voto duro fujimorista nunca iba a ser suficiente para ganar una elección por el amplio repudio al legado de su padre.

Por un lado, se ha pasado los últimos cinco años en campaña recorriendo el país, creando una maraña de agrupaciones regionales y locales, así como grupos de simpatizantes, todos bien engrasados con dádivas y prebendas, imitando el estilo populista de su progenitor.

Manifestación contra Keiko Fujimori en Lima
Muchos peruanos temen el regreso de un Fujimori, apellido ligado a las violaciones a los derechos humanos y la corrupción.
 

Por el otro, ha tratado de desvincularse parcialmente de Alberto Fujimori, aunque lo ha hecho de forma más simulada que real. Ha criticado los “errores” de su padre, de quien ella fue primera dama durante más de seis años después de que su madre fuese expulsada del Palacio de Gobierno y denunciara que fue torturada por orden de su esposo. No obstante, nunca ha admitido que cometiera ningún crimen.

Para ella y para todo el fujimorismo, los excesos, los asesinatos y desapariciones, la corrupción, el autogolpe de 1992 disolviendo el Parlamento para crear un Congreso Constituyente, la manipulación de todos los poderes del Estado, la compra de diputados de la oposición y de parte de la prensa para aniquilar a sus rivales políticos… fueron obra de su hombre fuerte, el jefe de los servicios de inteligencia Vladimiro Montesinos. La versión oficial del fujimorismo de que éste engañó al presidente aprovechándose de su confianza no ha cambiado en 16 años.

Con todo, la primera vuelta de las elecciones generales, con 10 candidatos en liza, fueron un paseo para Keiko. Ella fue de largo la más votada, con casi el 40% de los sufragios, mientras que en el Congreso, su partido, Fuerza Popular, lograba la mayoría absoluta (73 escaños de 135).

Kuczynski, un rival débil

El segundo puesto que permitía pasar a la segunda vuelta fue para Kuczynski, un economista de 77 años que fue ministro de Energía y minas ya en los 80, y jefe del gabinete de ministros y titular de Economía durante el gobierno de Toledo. Aunque empezó la campaña electoral como segundo en las preferencias electorales, nunca supo conectar con la gente y su candidatura comenzó a caer. Sólo pasó a la segunda vuelta porque otros dos candidatos fueron eliminados: uno por incumplir la prohibición de regalar dinero en actos proselitistas y otro por irregularidades formales en los procesos internos de elección de candidato de su partido.

Este último, Julio Guzmán, un joven tecnócrata, como Kuczynski, completamente desconocido hasta esta campaña había logrado despegarse en las encuestas de éste. Sólo tras su eliminación, el veterano político logró recuperar el segundo puesto. Y aun así estuvo a punto de perderlo por el empuje de otras dos fuerzas políticas.

Pedro Pablo Kuczynski
Pedro Pablo Kuczynski, un candidato sin carisma.
 

Kuczinsky carece de carisma, parece más estadounidense que peruano (algo que en este país supone un handicap electoral), tenía hasta hace poco pasaporte del país norteamericano, es acusado de lobbista, representa a la perfección las puertas giratorias en la política y su programa electoral difiere muy poco con el de Fujimori. Para colmo, apoyó activamente a Keiko en la segunda vuelta de 2011 frente a Humala. Además, su campaña ha estado llena de errores, como irse cinco días a Estados Unidos nada más pasar a segunda vuelta. Pero pese a todo, prácticamente desde el día siguiente a la primera votación, el 10 de abril, las encuestas reflejaban un empate con Keiko.

Esto es debido al voto antifujimorista, que aglutina desde la derecha prodemocrática hasta la izquierda, y que en un sistema electoral donde el voto es obligatorio se moviliza en las segundas vueltas.

Una moderación poco creíble

El supuesto alejamiento de Keiko respecto a su padre no había dado resultados. Ni los guiños que hizo a los sectores más progresistas antes de la primera vuelta: se dijo a favor del aborto terapéutico y de la unión civil “con fines patrimoniales”; ficho a algún representante de la izquierda; se comprometió por escrito a no intentar la reelección (una prohibición de la legislación peruana que su padre se saltó a la torera, dos veces), ni a usar el poder político para beneficiar a ningún miembro de su familia (en referencia a la posible liberación de su padre preso, pero también a dos tías suyas prófugas de la justicia), a respetar la libertad de prensa y los derechos humanos,…

“Nadie le creyó, nadie le dio el beneficio de la duda, ningún observador objetivo de Perú, ni tampoco la población. En las encuestas tenía el mismo porcentaje de gente que tiene ahora”, indica Godoy.

Incluso, como hace cinco años, ha surgido durante la campaña un movimiento antifujimorista, llamado Keiko No va y formado por sindicatos, organizaciones de derechos humanos, familiares de víctimas de su gobierno, asociaciones estudiantiles… , que han convocado varias marchas contra Keiko Fujimori acusándola de representar el autoritarismo y la corrupción. La última de ellas el pasado martes, cinco días antes de la votación, con la participación de varias decenas de miles de personas en todo el país.

“Sería muy grave que ganara Keiko, sobre todo para nosotros, que estamos en juicios contra su padre”, asegura Norma Méndez, adherente al colectivo y madre de Melissa Alfaro, una estudiante de Periodismo que murió en 1991 por la explosión de una carta-bomba enviada al semanario donde hacía prácticas y atribuida a agentes del Estado. Los juicios por la guerra sucia durante el gobierno de Fujimori y los dos anteriores, avanzan muy lentamente, pero si Fujimori llegara a la presidencia “todo se estancaría”, afirma Méndez.

El viejo fujimorismo

Por su parte, Miguel Burgos, representante del colectivo Keiko No Va por la universidad pública de San Marcos, de Lima, recuerda que en el gobierno de Fujimori “hubo estudiantes desaparecidos de los que aún no se sabe su paradero, estudiantes asesinados, encarcelamientos injustificados…”.

manifestación contra Keiko Fujimori en Lima
Los opositores más acérrimos a Fujimori han organizado varias manifestaciones en su contra durante la campaña.
 

Burgos, de 25 años, era muy joven entonces para conocer directamente la represión en la universidad, pero asevera que lo que denomina “la mafia fujimorista” seguía presente cuando él entró, en 2012, y que ha vivido en carne propia sus prácticas antidemocráticas. Tenían “operadores políticos que amedrentaban a los estudiantes en las elecciones de los órganos de gobierno”, dice. “Yo sé lo que es cuando un fujimorista te amenaza en la universidad cuando quieres tener una alternativa democrática, cuando compran a alumnos para ganar elecciones…”.

Al ver que su táctica no daba resultados en el campo progresistas, la candidata pareció olvidar en segunda vuelta su supuesta moderación.

Así, se ha manifestado a favor de la pena de muerte para los violadores de niños y ha asumido un compromiso contra la unión civil y el aborto con sectores evangélicos ultraconservadores que defienden cosas como que la homosexualidad es una “aberración sexual”, y que el hombre puede “infectarse” a través de una mujer si esta no es virgen. Igualmente, se ha reunido con un representante sindical del sector de la construcción acusado de extorsión y ha firmado un acuerdo con la minería ilegal, responsable de la devastación de amplias zonas de la Amazonía peruana, donde levanta campamentos en los que la policía no puede entrar y cientos de mujeres son obligadas a prostituirse, para derogar los decretos legislativos contra su actividad.

El escándalo Ramírez: la DEA entra en campaña

Aunque con estos guiños a estos y otros bolsones importantes de votantes Keiko fue tomando distancia en las encuestas de Kuczynski, hace dos semanas recibió un duro golpe cuando la Administración para el Control de Drogas (DEA) estadounidense reconoció ante una cadena de televisión que estaba investigando al secretario general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, principal financista de la campaña de Keiko y hombre perteneciente a su más cercano círculo de confianza.

Esta admisión de la DEA, algo inusual de esta institución y que ha sido considerado como un mensaje intencionado de Estados Unidos, ha puesto sobre la mesa el tema del financiamiento de los partidos de Perú (uno de los principales productores de hoja de coca del mundo) por parte del narcotráfico. Las sospechas de esta financiación siempre han existido y Keiko ha hecho un ostentoso despliegue de medios durante esta campaña que ha arqueado más de una ceja.

Godoy señala que “el principal problema para ella ya no es el pasado. El antifujimorismo no crece solamente por un recuerdo de los crímenes y las trapacerías que hizo Alberto Fujimori. Están muy presentes en un sector de la población, un sector muy duro, pero ella tiene ahora su propia mochila”.

El investigador peruano de temas del narcotráfico Jaime Antezana advierte que no sólo “al menos 15 a 20 poderosos clanes del narcotráfico nacional están financiando a Fuerza Popular” y éste “ha tenido 17 narcocandidatos al Congreso en 15 regiones”, 14 de los cuales han resultado electos. Además, asevera, el narco “ha penetrado estructuralmente el partido Fuerza Popular y ha penetrado estructuralmente sus candidaturas”. Si gana Keiko, agrega, “lo que se viene no es un gobierno que va a negociar con el narcotráfico. Se viene un cogobierno con el narcotráfico”.

El antifujimorismo no pierde la esperanza

Keiko Fujimori
Keiko Fujimori trató de representar un fujimorismo moderado, pero no convenció a casi nadie.
 

Apoyado en la admisión de la DEA, que muchos han interpretado un mensaje encubierto de Estados Unidos a Perú, el antifujimorismo ha apretado el acelerador en la última semana de campaña. Las adhesiones (aunque de forma crítica) a Kuczynski se han multiplicado y éste ha aumentado los ataques a su rival, a la que se impuso en el segundo debate presidencial, que tuvo lugar una semana antes de su votación.

El fujimorismo también aportado su granito de arena a la recuperación de su rival cuando el candidato a la vicepresidencia de Keiko, el exministro de Agricultura José Chlimper, se vio envuelto en un turbio intento de desacreditar al informante de la DEA que destapó en primer lugar la investigación hacia Ramírez. La burda manipulación de una conversación telefónica del testigo grabada subrepticiamente para que pareciera que dice que todos sus dichos son falsos (justo lo contrario a lo que realmente dice), ha recordado a mucho las viejas tácticas del régimen de Fujimori padre.

El escándalo parece haber convencido a más de uno, como a la principal candidata de la izquierda, Verónika Mendoza, que había quedado tercera en la primera vuelta, pidió esta semana el voto a favor de Kuczynski.

Todo esto ha vuelto a equilibrar la balanza en los últimos sondeos de intención de voto, que aunque siguen dando una ventaja a Fujimori, ésta se encuentra dentro del margen de error, lo que supone un empate técnico.

La pregunta que todos se hacen en la víspera de la votación es si el tiempo será suficiente para que esa tendencia termine de consolidarse y Keiko se quedará otra vez a un paso de regresar al Palacio de gobierno. Si pierde esta oportunidad, probablemente será la última.

 
 
 
 
* Un extracto de este reportaje fue publicado en la revista CTXT.ES
 
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