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Las minas de Coahuila siguen tragándose
vidas a los 7 años de Pasta de Conchos

Ciudad de México, 19 de febrero de 2013. P. Álvarez
Las minas de carbón del estado mexicano de Coahuila siguen siendo una trampa mortal para los trabajadores, que extraen el mineral con escasas o inexistentes medidas de seguridad y en condiciones laborales precarias. Pese a que hace siete años, cuando una explosión en la mina Pasta de Conchos, que era explotada por el poderoso Grupo México segó la vida de 65 personas, las autoridades prometieron una mejora, desde entonces han muerto casi un centenar de mineros, denunció la asociación Familia Pasta de Conchos, que además de seguir pidiendo el rescate de los cuerpos de 63 trabajadores que quedaron bajo tierra, piden mejoras en la situación de los mineros de la región.

Misa en honor de los muertos en Pasta de Conchos.
Familiares de fallecidos en la mina Pasta de Conchos celebran una misa frente a la sede de la empresa Grupo México.

De acuerdo con la organización conformada por los familiares de los mineros accidentados hace siete años, desde entonces hasta la fecha, han muerto en la región carbonífera de Coahuila 94 trabajadores. El mayor peligro, asegura esa asociación lo suponen los denominados “pocitos”, “tiros verticales” que son explotados de forma rudimentaria y sin ningún tipo de seguridad para quienes trabajan en ellos, que normalmente sólo son dados de alta en la seguridad social, de forma fraudulenta, después de haber sufrido algún accidente.

“Las empresas no registran a los trabajadores en el seguro social. De los 15.000 mineros del carbón que dicen que hay en la región carbonífera, hasta el 4 de noviembre del año pasado sólo había 1.300 registrados en el seguro social, menos del 10%”, denuncia Cristina Auerbach, portavoz de los familiares de Pasta de Conchos.

Familiar de víctima de Pasata de Conchos
Las familias todavía esperan el rescate de 63 fallecidos en la mina.
 

Pero además, agrega, los que son registrados, lo son con un sueldo de 80 pesos (alrededor de 6,5 dólares) diarios, ya que las empresas pagan el 75% de los ingresos a sus empleados bajo la forma de bonos de producción o pagos a destajo. Esto, acusa Familia Pasta de Conchos, “precariza el empleo, aumenta los riesgos y deja con pensiones infrahumanas a los mineros jubilados y a las familias de los mineros fallecidos”, por lo que pide la prohibición “terminante” de esta práctica.

“Al final las familias están condenadas al hambre y al sinfuturo. Tenemos familias que tienen pensiones de 800 pesos (65 dólares)”quincenales, lamenta Auerbach.

Siete años pidiendo el rescate de los cuerpos

Con motivo del séptimo aniversario del accidente de Pasta de Conchos, la mina situada en el municipio de San Juan de Sabinas que se llevó por delante la vida de 65 trabajadores el 19 de febrero de 2006 por una explosión, los familiares de éstos volvieron a concentrarse ante la sede de la empresa Grupo México en la capital del país para celebrar una misa y volver a pedir que se recuperen los cuerpos de los 63 mineros que no fueron encontrados hace siete años.

La compañía suspendió las labores de rescate un año después del accidente alegando que representaba una riesgo para quienes estaban llevándolas a cabo y que, además, los cuerpos no pudieron haber sobrevivido a la explosión y fueron carbonizados. Con lo cual, selló la boca de la mina.

Sin embargo, los familiares creen que lo que pretende la empresa es evitar que se sepa cuáles fueron las causas de la explosión.

 

Trinidad Cantú, que perdió a un su hijo Raúl Villasana en el accidente, manifestó su esperanza en que “verdaderamente esa empresa y el gobierno se toquen un poquito el corazón y nos solucione este problema del rescate”.

Los familiares fueron recibidos el lunes, 18 de febrero, por el subprocurador (vicefiscal) de Derechos Humanos, Ricardo García Cervantes que les mostró la copia de un oficio en el que el ministro de Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, pide, tal como se había comprometido, un peritaje para establecer en qué condiciones se puede llevar a cabo la entrada a la mina y la recuperación de los cuerpos.

“Pero además planteamos que rescatar los restos de Pasta de Conchos es el inicio del rescate de toda la zona carbonífera, que necesitamos rescatar”, explicó Auerbach. “Porque no podemos venir año con año con los mutilados del año, los huérfanos del año, la lista de las pensiones… y que cada año nos prometan cada vez que mueren 30 o 20 o 10 que ahora sí ya va a cambiar”.

México, indicó la portavoz, extrae una mínima parte del carbón mundial: “A nivel internacional ni siquiera figuramos, nos quedamos en 0,1% de las reservas”. Sin embargo, “si uno divide los muertos por la cantidad de toneladas que se sacan y se comparan con China, que todos se escandalizan porque mueren muchos, resulta que no estamos mucho peor que China, no más que China saca todo el carbón del mundo. El asunto es que aquí mueren en condiciones infrahumanas”, añadió.

Trabajo infantil en las minas

misa en honor a los 65 fallecidos en Pasta de Conchos
Misa en honor a los 65 fallecidos en Pasta de Conchos.
 

Una de las medidas propuestas por Familia Pasta de Conchos es la implementación de “programas específicos de educación y recreación que eviten la deserción escolar hacia las minas de carbón”, ya que algunas empresas siguen recurriendo a mano de obra infantil sin ser sancionadas.

José Luis de La Rosa, que acompañó a la comitiva de familiares de Pasta de Conchos a la ciudad de México, relató cómo empezó a trabajar en las minas a los 13 años y que a los 14 ya bajaba a los pozos. Sin embargo, a los 18 años, en 1997, sufrió un accidente que le dejó incapacitado y a pudo estuvo de dejarlo en estado vegetativo. “Iba para abajó cuando me cayó una piedra en la columna”, recuerda.

Su jefe no quiso  pagarle una pensión al principio ni reconocerlo como carbonero por no pagarle la cantidad que le correspondía y para colmo, los médicos del seguro social que le atendieron pretendieron darle un trámite rápido a su caso y le dijeron que se iba a quedar “vegetal” toda su vida. Sin embargo, a fuerza de voluntad, comenzó a hacer ejercicio y consiguió salir de ese estado. Pese a todo, debe usar una silla de ruedas y ahora sobrevive con 2.000 pesos (unos 160 dólares) quincenales.

 
 
 
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