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REPORTAJE
El conflicto no resuelto de Las Bambas,
otra mina impuesta a la fuerza

Lima. 10 de abril de 2016. Pablo Pérez Álvarez
Latensión sigue latente en la provincia de Cotabambas, en el sur de los Andes peruanos, por el proyecto minero de Las Bambas. El conflicto entró en el olvido para el resto del país después de que el ejército interviniera en septiembre pasado para poner fin a las protestas de la población local, que dejaron cuatro muertos en enfrentamientos con la policía. Pero el descontento continúa y, tras el inicio de las operaciones de extracción de cobre en febrero, a las quejas por la decisión de la propietaria, la minera china MMG, de cambiar unilateralmente algunos aspectos fundamentales del proyecto, se suman ahora las del incumplimiento de las promesas de trabajo, educación y salud que se habían asumido con la región, la insatisfacción por los contratos de cesión de tierras firmados hace una década y la contaminación que, aseguran, ya ha empezado a afectar a la agricultura y la ganadería local.

Habitantes de Cotabambas acampados frente a Defensoría del Pueblo
Pobladores de Cotabambas han estado acampados en Lima durante un mes sin que las autoridades o los medios les presten atención.

“Hay un conflicto total”, denuncia el representante de la comunidad campesina de Ccasa Américo Quispe, quien llegó a Lima a principios de enero junto con un centenar de vecinos de la región, de la etnia chanka-yanawara, para exigir el diálogo con el gobierno y con la compañía. “Está lleno de policías, siempre nos amenazan que nos van a meter presos. Con cualquier cosa buscan un pretexto. Nos decían que apenas acabáramos nuestros estudios, nos iban a capacitar e íbamos a trabajar en la empresa. Era mentira. Seguimos en una extrema pobreza y el costo de vida ha subido mucho”, enumera.

Además, asegura, los efectos en el medio ambiente ya se han empezado a notar: “Cuando sembramos ya no crece papa, los animales están muriendo, los niños están enfermando, el agua está contaminada…”.

A pesar de que la delegación de la zona ha estado durante un mes en Lima, primero acampados en la Universidad de San Marcos y luego frente a la Defensoría del Pueblo, donde llevaron a cabo una huelga de hambre de 10 días, ningún funcionario del gobierno les ha atendido y su repercusión en la prensa y la televisión ha sido prácticamente nula.

Vecinos de Cotabambas acampados frente a la Defensoría del Pueblo
Vecinos de Cotabambas hicieron una huelga de hambre frente a la Defensoría del Pueblo.
 

Curiosamente, cuando estallan los conflictos violentos, en muchos casos con muertos, los medios peruanos apuntan sus focos allí, se preguntan por qué estalla un conflicto de repente cuando la zona estaba tranquila y lo atribuyen a influencias de ONG grupos de interés político forasteros que engañan y azuzan a la población local.

El proceso de diálogo con la población para poner en funcionamiento la mina de cobre de Las Bambas, en la región peruana de Apurímac, era puesta como un ejemplo de buenas prácticas hasta que la mina cambió de dueños y su nuevo propietario, la china MMG, decidió cambiar unilateralmente algunos de los aspectos del proyecto.

"El pasto está contaminado"

En concreto, MMG, que compró la mina a la suiza Xstrata en abril de 2015 y decidió incluir la construcción de una planta de tratamiento de molibdeno (un metal pesado considerado muy contaminante) y que, en vez de hacer un mineroducto para trasladar el mineral extraído de forma que se reduzca el impacto ambiental, lo transportaría mediante camiones por las polvorientas carreteras de tierra de la zona, esparciendo las partículas de los minerales a su paso.

Eso generó el paro de actividades y los disturbios de septiembre pasado. Tras la muerte de cuatro habitantes se decidió poner fin a la protesta, pero la disconformidad por el cambio unilateral de los términos del proyecto por la minera, aunque nadie le presta ya atención, sigue ahí. Y ha aumentado con el inicio de las operaciones de la mina, que tiene reservas de 7,2 millones de toneladas de cobre y 12,6 millones de recursos minerales, y que prevé producir más de 2 millones de toneladas de cobre concentrado en sus primeros cinco años.
“Todo parece un volcán”, afirma Quispe para describir el impacto de la actividad minera en la zona. “La polvareda que sale de la empresa, el ruido, la dinamita que usan… Además pasan unos 130 camiones al día”.

“La polvareda afecta al pasto y lo hace secar. Los animales lo comen y está contaminado”, se queja. Él, junto con su padre tenía unas 120 ovejas antes, ahora apenas cuentan con una treintena. “Cada persona tenía entre 80 y 100 y ahora la mayoría tiene hora 20, 30…”.

Protesta de vecinos de Cotabambas en Lima
Las comunidades vecinas a Las Bambas reclaman por la contaminación y los compromisos incumplidos.
 

Lo mismo está pasando con la actividad agrícola de subsistencia que se practicaba en la zona: “Antes sembrabas para un año y cosechabas todo el año. Ahora que ha venido la empresa no hay ni producción. Cuando sembramos ya no crece papa. No da como antes. De una carga antes te sacabas seis o siete sacos y ahora apenas dos saquitos”.

“Incluso están perjudicando las cuencas donde nace el río”, añade. Este salía de la laguna de un cerro cercano, pero ahora MMG ha hecho una presa-relave y ya no dejan pasar nada el agua al río. “Cuando llueve fuerte, a veces esa presa-relave rebalsa y sale agua muerta, sin vida, para abajo. Está contaminando la tierra”.

El incumplimiento de los compromisos

Pero a estos reclamos se suman otros por los contratos y compromisos asumidos por la empresa durante ese proceso de negociación considerado ejemplar.

Para empezar, los pobladores reniegan de los contratos de cesión de tierras firmados en 2004 con Xstrata por considerarlos “una estafa”. “Trajeron los contratos en castellano listos para firmar cuando aquí la mayoría es quechuahablante y ahora se dan cuenta de que fueron estafados”, indica Quispe. “Pagaron hasta 30 céntimos de sol (menos de 9 céntimos de dólar u 8 de euro) el metro cuadrado”.

También “hay incumplimiento de todos los compromisos que iba a haber: trabajo, educación, escuelas, universidades. Nada de eso hay. Por eso queremos la nulidad de todos los contratos y convenios”, explica el portavoz, quien no obstante reconoce que hay división en la zona afectada, pues hay personas que sí han sacado provecho a la presencia de la mina: “Un grupo de personas sí se han beneficiado: tienen casas, carros… Eso era nomás el que hablaba más, el que chillaba más. Nosotros, las comunidades que no hablábamos nada seguimos en una extrema pobreza porque el costo de vida ha subido mucho”. “Antes un carnero entero costaba 50 o 60 soles (de 15 a 18 dólares o entre 13 y 15 euros). Ahora el kilo está a 15 o 20 soles. Ha subido en exceso”, lamenta.

Sin trabajo para los locales

La oposición a Las Bambas sigue latente
La oposición a Las Bambas sigue latente en Cotabambas.
 

La promesa de trabajo para los habitantes de la zona, que son alrededor de 40.000, se tradujo, según Quispe, a unos 200 o 250 jóvenes que hicieron trabajo de peón, con salarios mínimos, durante la etapa de construcción de la mina y ahora, una vez comenzada la producción, a unos “5 o 10” de su comunidad.

Durante la etapa de construcción, la población estaba contenta, a pesar de que la inmensa mayoría de los 15.000 trabajadores empleados eran de fuera, puesto que dinamizaron la economía local. Con el dinero que sacaron de las tierras, muchos montaron hoteles, restaurantes, lavanderías… que prestaban servicios a esa mano de obra foránea. Pero una vez concluida esa fase, el número de personas empleadas en la mina se ha reducido drásticamente y la economía local ha caído.

Así pues, la historia se vuelve a repetir: un gran proyecto minero, que ha implicado la inversión de 10.000 millones de dólares, generará importantes ingresos fiscales al país y enormes beneficios a la empresa propietaria y dejará en la pobreza y con problemas de contaminación a la población local, que se siente engañada.

“Es bien difícil vivir así, ser estafado, pisoteado, marginado, humillado. Siendo nosotros los dueños de la tierra estamos en una extrema pobreza y habrá más enfermedad, más contaminación por medio de aire, agua, tierra. A cambio de nada van a sacar nuestros minerales”, concluye el representante de Ccasa.

 
 
 
 
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