cronica erratica
 
PORTADA NOTICIAS REPORTAJES ESPECIALES VIDEOS VIAJERO ERRÁTICO
 
 

REPORTAJE
Arroyo El Navajo: feminicidios en
Ciudad Juárez con un marchamo militar

Ciudad de México. Marzo 2014. Pablo Pérez Álvarez
Con México sumido en la violencia, con miles de víctimas asesinadas (algunas de forma extremamente salvaje) y hechas desaparecer cada año, con fosas llenas de cadáveres siendo descubiertas continuamente, ya nadie se acuerda de los feminicidios de Ciudad Juárez. El estado de Chiahuahua, en cuyo desierto se levanta esta localidad, pegada la frontera con el estado de Texas, ya ni siquiera es el que registra un mayor número de asesinatos de mujeres. Sin embargo, decenas de ellas siguen desapareciendo cada año para no volver a saberse de ellas o para aparecer muertas. Desde 2011 han sido encontrados en el cauce seco de un río cercano a la ciudad, el arroyo El Navajo los restos de 18 víctimas de una red de trata, lo que lo convierte en el mayor cementerio clandestino de mujeres de Ciudad Juárez. Extraños movimientos dentro de la fiscalía chihuahuense al inicio de las investigaciones impidieron una búsqueda sistemática de restos hasta que la presión de familiares de desaparecidos forzaron un rastreo exhaustivo de la zona en 2013. Una red de trata, formada por civiles ha sido desarticulada y acusada de estos crímenes. Pero, ¿son los únicos responsables? Una fuente anónima cercana a la investigación asegura que en el lugar fueron encontrados indicios que apuntaban a la participación de personas con entrenamiento militar.

 
Manifestación en la capital de México para pediir el fin de los feminicidios en Ciudad Juárez, que se siguen produciendo, pese a no ser ya noticia.

Ciudad Juárez, la urbe mexicana que se convirtió en uno de los baluartes de la voraz industria maquiladora, la sede de una de los más poderosos cárteles del narcotráfico en México, se hizo tristemente famosa en todo el mundo entre finales de la década de 1990 y principios de este siglo por el sistemático asesinatos de mujeres con motivaciones sexuales y el flagrante desinterés de las autoridades por resolverlos.

En la última década, la indignación mundial por esta situación se ha ido disipando. La ignominia de los feminicidios en Ciudad Juárez se ha difuminado en medio de las miles de muertes violentas, de mujeres, hombres, niños, ancianos…, que se vienen produciendo en todo el país a raíz de la ofensiva policial-militar contra los cárteles de la droga que puso en marcha el anterior presidente, Felipe Calderón (2006-2012). La violencia se ha desbordado en todo el país, lo que le ha permitido a esta localidad de algo más de 1,3 millones de habitantes pasar algo más desapercibida.

Pero eso no ha impedido que los homicidios y desapariciones de féminas se siguieran produciendo a un ritmo escandaloso y que incluso se haya encontrado a las afueras de la Juárez, en medio del desierto, el cementerio clandestino de mujeres más grande del país, con los cadáveres de al menos 18 víctimas de una red de trata de mujeres que operó al menos desde 2008 y con un número no revelado de restos óseos que podrían pertenecer a los cuerpos identificados o no. Más del doble que en el tristemente famoso campo algodonero, el solar en el que fueron encontradas en 2001 ocho mujeres enterradas clandestinamente, convertido en el caso más emblemático de los feminicidios.

En junio pasado, la Fiscalía de la Mujer de Chihuahua desarticuló una presunta red de trata de mujeres que operaba en Ciudad Juárez a la que acusa de momento de los homicidios de 11 de las jóvenes encontradas allí (todavía se están buscando pruebas de su implicación en los asesinados de las otras siete) y de otras dos cuyos cadáveres fueron abandonados en otro lugar, todas desaparecidas a partir de 2008.

Esta organización fue desarticulada el año pasado y presuntamente estaba formada por 11 personas, aunque la fase de instrucción del proceso en su contra está a punto de terminar, hay algunos aspectos que arrojan dudas sobre si se ha identificado a todos los responsables. En particular, ciertos indicios que apuntan a una presunta participación de militares y que no han sido investigados.

Ni siqueira las enterraban

Según se ha podido averiguar en las investigaciones, los hasta ahora ocho inculpados, a los que están a punto de unírseles otros tres detenidos, captaban a muchachas que buscaban trabajo y, mediante engaños, las privaban de la libertad para obligarlas a prostituirse y vender droga.

Marcha de madres de Juárez en el Distrito Federal
Los feminicidios se han extendido a casi todo el territorio mexicano.
 

Cuando ya no les servían o se negaban a cooperar, las mataban y tiraban sus cuerpos el arroyo El Navajo el cauce seco de un río situado a unos 60 kilómetros de Ciudad Juárez, a un lado de la carretera que recorre el Valle de Juárez y que separa la frontera con Estados Unidos y la Sierra de San Ignacio. Allí las dejaron a la intemperie, por los que las condiciones climáticas extremas del área desértica y los animales carroñeros deterioraron y desperdigaron sus restos por una amplia zona.

Las familias se preguntan cómo pudieron los autores de estos macabros crímenes llevar a las mujeres hasta ese lugar, situado en el Valle de Juárez, a unos 60 kilómetros de la ciudad fronteriza, a un costado de la carretera que une esta urbe con El Porvenir, cuando para llegar allí tenían que pasar por un retén militar permanente instalado desde 2010.

Algunos activistas critican la falta de coordinación de las autoridades locales y estatales con el ejército. Pero en la escena del crimen se hallaron elementos de un probable mayor involucramiento de los militares en estos feminicidios, según una fuente anónima cercana a la investigación.

El hallazgo de los primeros restos

El proceso que llevó a descubrir en febrero de 2012 que el arroyo El Navajo había sido utilizado como cementerio clandestino comenzó dos meses antes, en diciembre de 2011, cuando un campesino encontró un cuerpo ese río seco. El cuerpo no había sido siquiera enterrado, sino dejado en la superficie de esa área desértica. El intenso calor, los animales carroñeros, los ventarrones y las lluvias, que cuando caen con fuerza forman torrentes en el cauce desecado, había deteriorado los restos hasta dejar sólo los huesos y, además, esparcidos en un espacio de más de 800 metros.

Posteriormente se pudo identificar a esta víctima como Jessica Terrazas Ortega, una joven de 18 años que había desaparecido un año antes, el 20 de diciembre de 2010, tras salir de su casa en Ciudad Juárez en busca de empleo.

Sin embargo, al reconstruir el esqueleto los forenses descubrieron que los dos omoplatos que habían recuperado eran del mismo lado del cuerpo, por lo que pertenecían a dos personas. Peritos de la Fiscalía de Chihuahua propusieron buscar el otro cuerpo, pero la idea no prosperó y quedó encallada.

Hasta que en enero de 2012 fue hallada otra joven muerta en la zona de la cañada de la Sierra de San Ignacio. La víctima pudo ser rápidamente identificada como Jazmín Salazar, pues junto a ella había una mochila con varios objetos personales, incluida una solicitud de empleo.

Los investigadores de la fiscalía se dieron cuenta de que esta zona y el arroyo estaban intercomunicados, por lo que sospecharon que podría haber más cuerpos. El 26 de enero de 2012 un equipo interdisciplinario de 50 personas formado por policías ministeriales, antropólogos, criminalistas y miembros de la unidad perfilación criminal se dirigió a la zona y comenzó un rastreo.

El operativo había sido minuciosamente planeado y el equipo se dividió en tres grupos, que contaban con mapas de referencia, GPS y material para hacer el levantamiento de posibles hallazgos. Las cuadrillas eligieron tres de las múltiples ramificaciones que tiene el cauce del río y comenzaron el rastreo. Rápidamente los tres grupos comenzaron a encontrar restos mortales. Se trataba de huesos dispersos y carcomidos por los animales, pues los que dejaron ahí los cuerpos no se molestaron en enterrarlos, así como algunas prendas.

Tras ordenar todos los restos óseos que encontraron llegaron a la conclusión de que tenían nueve víctimas, pero sospechaban que podría haber más, pues sólo habían recorrido una parte de todo el sistema de surcos del arroyo. Por lo tanto, hubo una segunda expedición dos semanas después, el 7 de febrero.

Obstáculos en la investigación

Para entonces el ministerio público que autorizó el primer rastreo ya había sido cambiado y el agente ministerial de la unidad de Personas Desaparecidas que estuvo a cargo de éste estaba de baja médica. El responsable de la nueva búsqueda quiso restringirla a las zonas que ya habían sido batidas en la primera inspección, pero los agentes hicieron caso omiso y acabaron ampliando la zona de exploración y localizaron restos de cinco jóvenes más.

Los restos estaban muy deteriorados por las condiciones climáticas y los animales, que los habían dispersado y mezclado unos con otros. De hecho, de una de las víctimas sólo se contaba con dos huesos de la cabeza. 

Algunos despojos fueron encontrados a apenas un kilómetro de la carretera que recorre los 85 kilómetros que separan Ciudad Juárez de El Porvenir y que va en paralelo a la frontera con Estados Unidos.

Las conclusiones a las que llegaron los peritos fueron que las muertes se produjeron de forma violenta, que los asesinos actuaron en grupo y tenían conocimiento del lugar y que todos los cuerpos habían sido abandonados en el lugar un año antes.

Esto arrojaba la inquietante duda, que se realizaron tanto los investigadores como las organizaciones de familiares de víctimas: ¿Cómo pudieron los autores de estas crueles muertes llevar a las jóvenes secuestradas hasta el arroyo El Navajo cuando en la carretera que va de Ciudad Juárez hasta ese lugar hay que pasar ineludiblemente por un retén militar?

Un retén militar bajo sospecha

Los soldados, que llegaron a Ciudad Juárez en 2008 para intentar atajar la ola de violencia que azotaba la urbe, dejaron en 2010 la seguridad dentro del área urbana en manos de la Policía Federal y les fue asignado el control de del Valle de Juárez. Allí, a unos 30 kilómetros de la ciudad instalaron un punto de control permanente hasta hace unos meses.

“Es imposible que alguien pase, que lleve a las niñas secuestradas o muertas en su coche, las deje ahí y que nada pase, que nadie vea nada ni sepa nada”, asegura Norma Andrade, de la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa.

Marcha de madres de Juárez en el Distrito Federal
Pese a la imagen que quiere vender las autoridades, las desapariciones y feminicidios siguen ocurriendo en Ciudad Juárez.
 

“Yo he pasado por esa zona y los militares te bajan del coche, lo revisan, te revisan documentación con muy malos modos…”, agrega.

La fuente anónima conocedora del caso a la que tuvo acceso esta revista explica que hay brechas al otro lado de la Sierra de San Ignacio por las que se podría haber accedido al arroyo El Navajo, pero para ello habría que recorrer una zona desértica más remota donde abandonar los cuerpos en vez de cruzar la sierra y hacerlo más cerca de la carretera y, por lo tanto, con mayores posibilidades de ser encontrados.

Cecilia Espinosa, abogada de Red Mesa de Mujeres, que asiste legalmente a las familias de tres de las víctimas, considera que lo que hubo fue una falta de “coordinación de la Fiscalía del estado con autoridades a nivel federal, en este caso en la Secretaría de la Defensa Nacional, que tiene este retén”, para darle información sobre las desapariciones de jóvenes en Ciudad Juárez, “y que ellos pudieran hacer una vigilancia mayor en ese sector”.

Además, añade la abogada, “puede haber otra serie de elementos que pudieron haber observado los agentes en ese retén si ellas hubieran pasado”. “Es lo que están diciendo las familias: ¿cómo es posible de que no fuera evidente para ellos que estaban retenidas en contra de su voluntad? Incluso desconocemos en qué condición fueron trasladadas, con vida o sin vida”.

De hecho, en el Valle de Juárez habían sido encontradas entre 2007 y 2010 al menos cinco mujeres de entre 16 y 26 años asesinadas, cuyos cuerpos fueron abandonados en distintos puntos. Un dato que invitaba a poner una mayor atención para que no se repitiesen esos casos. Aparte de las víctimas del arroyo El Navajo, los cuerpos de al menos otras seis jóvenes fueron abandonados en esa zona a partir de 2010. Tres de ellas en el mismo lugar, en una zona de médanos cerca de la localidad de San Francisco Tres Jacales.

Marilú García, de Nuestras Hijas de Regreso a Casa e hija de Norma Andrade, se muestra convencida de que la red que asesinó a estas mujeres tenía la “complicidad de la autoridad”, porque “no puedes secuestrar a tantas mujeres en la zona centro donde hay tantas cámaras y seguridad y arrojar tantos cuerpos en el Valle de Juárez cuando hay que recordar que para el Valle de Juárez sólo hay una carretera para ir y para venir y hay un retén permanente de militares”.

Asesinatos con sello militar

Según la fuente anónima, los peritos de la Fiscalía estimaron que las jóvenes habían sido privadas de la libertad mediante engaños, pero comprobaron que casi todas tenían ataduras, hechas con agujetas o con sus propias blusas, cuando fueron llevadas al arroyo El Navajo, donde fueron ejecutadas, por lo que debieron de atravesar la carretera vivas y atadas.

Pero hubo algo más: los golpes que mataron a las jóvenes fueron secos y precisos, en los que los peritos reconocieron un estilo militar. “Eran golpes bien dados. Siempre en el mismo lado y todos desde la misma posición. Era algo muy bien preparado”, sostiene el informante.

Y tampoco las ataduras eran unas ataduras cualquiera. Miembros del equipo que realizó los rastreos identificaron sus nudos como típicos de los militares.

“Los criminalistas y ministeriales con experiencia lo aprecian a primera vista: los tipos de nudos de las ataduras eran muy característicos y los identificaban como de militares”, según la fuente.

No obstante, esta hipótesis no fue incluida por los propios peritos en sus informes por lo que implicaba. “A la fiscalía no le iba a resultar fácil explicar cómo dejaron 18 cuerpos en una zona cuyo acceso está resguardado por el Ejército. Suponía enfrentarse a la parte federal”, agrega.

Ninguno de los miembros de la red de trata implicada en esas muertes procesados hasta ahora tiene experiencia militar. De acuerdo con Cecilia Espinosa, que sigue la instrucción del caso como coadyuvante de tres de las familias, uno de ellos fue policía municipal.

Entre los detenidos se encuentran Camilo del Real Buendía, dueño de una agencia de modelos en la que trabajaba una de las víctimas y a la que fue a pedir trabajo otra; Víctor Chavira, el dueño de una zapatería que murió en la primera semana de enero tras sufrir un paro cardiaco en prisión, y personal del Hotel Verde, donde eran obligadas a prostituirse algunas víctimas de la red.

Pese a que una joven que sobrevivió a esta red de trata identificó a algunas de las fallecidas que fueron encontradas en El Navajo como víctimas de la misma organización criminal, la Red Mesa de Mujeres pide que ésta no sea la única línea de investigación para todos los casos de jóvenes encontradas en ese cementerio clandestino.

Los familiares piden que no se descarte ninguna hipótesis

“No se deben descartar otras líneas que se han seguido en otros momentos, como tráfico de órganos o que hayan sido sustraídas para realizar un acto salvaje. No se debe seguir solamente una de las líneas, sino que se debe estudiar cada caso en específico, ver cuáles se vinculan (con la red) según los indicios que salen en las investigaciones (oficiales) y en las que las madres realizan por sí mismas”, reclama Espinosa.

También está detenido como presunto miembro de la organización criminal un vendedor de comida que fue identificado por Rosa María Apodaca, madre de Patricia Jazmín Ibarra, una muchacha que desapareció el 7 de junio de 2011, cuando tenía 18 años. De acuerdo con la mujer, ese hombre tenía su puesto enfrente de la tienda de telefonía celular en la que trabajaba su hija y que fue uno de los últimos lugares en la que fue vista con vida.

Rosa María Apodaca, madre de Jazmín Ibarra
Rosa María Apodaca busca a su hija, Jazmín. Salió un día a trabajar y ya no regresó.
 

“Tenía tres días trabajando ahí. Ella se fue ese día trabajar, pero se estuvo esperando al encargado y el encargado no llegó, así que ella se desesperó y caminó hasta una tienda donde venden pantalones”, explica Apodaca. Desde esa tienda Jazmín habló por teléfono con su novio y le contó que alguien le había ofrecido una entrevista de trabajo.

“La engañaron con eso, con que iba a una entrevista de trabajo. Ella necesitaba mucho el dinero”, afirma la madre de Patricia Jazmín, que todavía sigue desaparecida, por lo que la mujer tiene esperanzas de que la desarticulación de esta red le ayude a recuperarla con vida.

El modus operandi de esta banda coincide casi punto por punto con las demandas que han estado haciendo en los últimos años las asociaciones de familiares de víctimas de feminicidios, que destacaron que muchas de ellas desaparecieron cuando iban a buscar trabajo al centro y señalaban incluso algunos negocios, como una zapatería (que no es la relacionada con este caso). Por ello, habían pedido a las autoridades que actuaran en consecuencia y extremaran la vigilancia en el centro. La respuesta de las fuerzas del orden parece haber sido insuficiente a la luz de este caso.

La diligencia de la Fiscalía de Chihuahua en la búsqueda de restos humanos en el arroyo El Navajo también ha sido criticada por los familiares.

Un año sin una búsqueda exhaustiva

Tras las tres primeras búsquedas, el agente ministerial de la unidad de Personas Desaparecidas que había iniciado los rastreos en el arroyo fue destinado a otro departamento y el caso no fue asignado a ningún otro compañero.

Como consecuencia, un año después de los primeros hallazgos todavía no se había hecho un reconocimiento exhaustivo de la zona para comprobar si había más cuerpos. Tuvieron que ser las propias madres las que reactivaran la búsqueda.

El 5 de febrero de 2013, día en que habría cumplido 18 años Jesica Leticia Peña García, que desapareció en junio de 2010 con 16 y fue encontrada muerta en El Navajo, su madre, María García, y las de otras víctimas fueron a ese cementerio clandestino a rendirle un homenaje y se encontraron con más restos óseos.

Un mes después de este hallazgo se llevó a cabo un operativo en el que, según la Fiscalía, participaron 370 policías y madres de mujeres desaparecidas. Todavía encontraron más huesos.

Y es que las autoridades de Juárez y del estado de Chihuahua parecen más interesadas en lavar la mala imagen de la ciudad que en resolver los casos de feminicidio y de desapariciones de jovencitas que se siguen dando con escandalosa frecuencia dos décadas después de que estallara este tétrico fenómeno.

Y lo han logrado parcialmente, ayudadas sin duda por la vorágine de violencia que se ha extendido a todo el país en los últimos años y que ha desplazado incluso a Ciudad Juárez del primer puesto de asesinatos de mujeres. El hallazgo de las jóvenes en El Navajo, que se dio a conocer el 23 de febrero de 2012, cuando se informó de las tres primeras identificaciones, apenas tuvo repercusión nacional.

Marcha de madres de Juárez en el Distrito Federal
Marcha de madres de Juárez en el Distrito Federal.
 

La fiscalía chihuahuense se vio obligada por una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a publicar las cifras de feminicidios. Sin embargo, Marilú García denuncia que el gobierno estatal, de forma similar a la que otras organizaciones civiles han denunciado en el estado de México, manipula las cifras de este tipo de crimen: “Cuando es asesinada una mujer, si por ejemplo tiene impacto de arma de fuego para ellos no es feminicidio. Aun cuando haya sido violada sexualmente, es crimen organizado. Si a una mujer la asesina su esposo, para ellos no es feminicidio, es violencia intrafamiliar”. Así, por ejemplo, sólo reconoció un caso en 2012, según la activista. Todavía no ha dado las cifras del año pasado.

La Fiscalía de la Zona Norte del estado, que incluye a Ciudad Juárez, ha admitido la desaparición de 90 mujeres hasta el pasado 1 de marzo. De ellas, 69 han desaparecido desde 2006. Sin embargo, el periodista español Javier Juárez, que lleva años investigando este problema en la localidad fronteriza señaló en su libro Las desaparecidas de Juárez, publicado el año pasado, que sólo entre 2008 y 2012 “han desaparecido más de 180 mujeres en Ciudad Juárez”.

Ocultamiento de cuerpos por la fiscalía

Además, el gobierno estatal ocultó la existencia de casi 150 cadáveres de mujeres sin identificar en la morgue de la ciudad hasta que en marzo de 2012, tras unas revelaciones periodísticas y por la presión de las madres y varias organizaciones, acabó revelando “que hasta el 18 de enero de 2012 ellos tienen 143 femeninas no identificadas”, relata Espinosa.

Según un informe que rindió la fiscalía, indica la abogada, “a esas 143 han hecho los cotejos con las muestras genéticas que han dado las familias de mujeres desaparecidas y no ha sido positivo con ninguna de ellas”. Sin embargo, acusa que la información proporcionada por la autoridad es incompleta, pues no reveló dónde fueron localizadas esas mujeres.

“Nada más nos dicen que en el semefo de Ciudad Juárez bajo el resguardo del estado hay 143 femeninas no identificadas que no han contestado positivo con las muestras genéticas que han proporcionado las familias de mujeres desaparecidas”, añade.

Entretanto, las desapariciones de mujeres continúan. Este año, de acuerdo con los datos de la Fiscalía de Chihuahua, ya van 18, diez de ellas entre los 13 y los 23 años.

Los feminicidios, siguen pues sucediendo en Ciudad Juárez. Nunca han parado. Perla Reyes es madre de Jocelyn Calderón, que desapareció el pasado 30 de diciembre con sólo 13 años de edad. Sus padres le dieron permiso para ir a verse con una amiga, pero nunca llegó a esa cita y ya no han vuelto a saber de ella. Perla pide a las autoridades “que realmente busquen, pero que no las busquen muertas, porque buscan las muertas cuando ellas están vivas”.

“Lo que queremos es que esto pare porque desgraciadamente siguen desapareciendo muchas niñas, muchas jovencitas y ni una encuentran. La que encuentran es puros huesos”, se lamenta la mujer.

 
 
 
PORTADA NOTICIAS REPORTAJES ESPECIALES VIDEOS VIAJERO ERRÁTICO
Sigue Crónica Errática en Crónica Errática en facebook Crónica Errática en Twitter  
 
 
Sobre el autor
 
© Crónica errática. Todos los derechos reservados. E-mail de contacto: cronica_erratica@yahoo.com