cronica erratica
 
PORTADA NOTICIAS REPORTAJES ESPECIALES VIDEOS VIAJERO ERRÁTICO
 
 

REPORTAJE
Latinoamérica se autodescubre en unos y ceros

Lima. Abril 2014. Pablo Pérez Álvarez
El cine documental está viendo un auténtico boom en Latinoamérica gracias a la tecnología digital. Las cámaras cada vez más baratas y de mejor calidad han sustituido a las grandes filmadoras del cine tradicional. Los costosos rollos de película han sido desplazados por pequeñas tarjetas de video. Para el montaje ya no son necesarios un estudio ni una complicada mesa de edición, cualquiera pude aprender a usar un programa informático pirataeado en internet y hacer el proceso en la computadora de su casa. Se acabó con el cargar las pesadas latas de celuloide para distribuir las películas: un dispositivo del tamaño de un disco duro permite a los autores llevar sus obras de un lado a otro del mundo codificadas en un sistema binario de unos y ceros. El cine digital se ha convertido en una herramienta al alcance de cientos de cineastas independientes que se han lanzado a contar historias. Y en Latinoamérica, historias es lo que sobran. Películas rodadas con 100 dólares. Filmadas por tres, dos o incluso una sola persona. Documentales grabados con los teléfonos por sus propios protagonistas. Todo ello, aliñado con un nuevo lenguaje cinematográfico impulsado por los dispisitovos de grabación cada vez más pequeños y manejables. Una auténtica revolución que ha democratizado el séptimo arte.

 

El Averno era un centro de cultura alternativa en el centro de Lima. Un sitio que acogía exposiciones, conciertos, performances y cualquier otra expresión que no encontraban espacio en el circuito cultural limeño. Un refugio para las manifestaciones artísticas con influencias andinas, habitualmente denostadas en la capital peruana. Hasta que en 2012 la alcaldía inició un proceso judicial para cerrarlo. Jorge Tembladera, Alexis Yanavilca y Daniel Cortés, tres jóvenes de entre 21 y 31 años que habían estudiado cine juntos, decidieron hacer un documental sobre este santuario limeño de la contracultura.

Se armaron con una pequeña cámara digital que se puede manejar con una sola mano, un sencillo trípode, un foco básico, un micrófono y una grabadora de mp3 y se dispusieron a registrar los últimos días de vida del local y a recopilar su historia en base a testimonios de quienes lo mantuvieron en pie.

Trailer de 'El Averno'.
 

Con este equipo elemental, el único financiamiento de sus livianas billeteras y el impulso de su pasión por el cine, grabaron durante tres meses antes de que El Averno se viera obligado a cerrar sus puertas para siempre.

El documental se estrenó finalmente en marzo pasado en el Festival Iberoamericano de Cine Digital (Fiacid) de Lima. Y es que el montaje les llevó un año, ya que ninguno de los tres sabía editar. “Tenemos noción sobre cómo contar una historia en imágenes, pero la parte técnica teníamos que conseguir un editor. Estuvimos buscando, pero nadie se prestaba a hacer el trabajo gratis, así que tuvimos que aprender a la fuerza, preguntando cómo se hace”, explica Tembladera.

Hace no pocos años rodar una película, por muy modesta que fuera, era un sueño al alcance de muy pocos, y mucho más en América Latina, donde el séptimo arte nunca ha sido una prioridad de las políticas culturales, salvo honrosas excepciones.

Para filmar en celuloide era imprescindible tener una productora detrás. No sólo se necesitaba un costoso equipo (cámaras, juego de luces, pesados micrófonos, aparatosos carros o sofisticadas grúas para los movimientos de cámara…), sino que ya sólo el negativo tiene un coste prohibitivo y para la edición se requerían un estudio y una mesa de montaje con el aspecto de panel de mandos de un avión. Naturalmente, para manejar todo eso hace falta una gran cantidad de especialistas: camarógrafos, directores de fotografía, técnicos de sonido, montador,…

La alternativa para muchos cineastas eran formatos como el súper-8 (con película de celuloide pero cuyos fotogramas tienen un tamaño de 8mm en vez de los 35 estándar) o los de video VHS o HDCAM. Pero incluso el montaje de éstos últimos exigía un estudio con consolas y caseteras y otro para editar el sonido.

Hoy en día cualquiera puede hacerse con una cámara digital HD, de alta definición, filmar con un equipo de trabajo mínimo y obtener una considerablemente mayor calidad de imagen que el video analógico.

Y la edición lo puede hacer uno en su casa en una computadora personal con un programa que se puede conseguir gratis por internet.

Esto ha multiplicado el número de películas y ha dado la oportunidad a cientos de cineastas independientes de poder ejecutar sus proyectos, dando lugar a un nuevo cine. Un nuevo cine alejado quizás de las salas comerciales, pero que se va abriendo también -muy lentamente, eso sí- su propio camino en medios de exhibición alternativos, gracias también a las nuevas tecnologías. Un nuevo cine, en el que, al menos en América Latina, tiene un papel preponderante.

Personajes anónimos, héroes de documental

El argentino Lucas Marcheggiano vivió toda la transición al digital. Empezó filmando en súper-8 con la cámara de la escuela donde estudiaba cine. Luego, para hacer sus propias películas documentales pasó al video analógico y su última producción, Un enemigo formidable, con la que ganó el certamen internacional del Fiacid, la filmó en digital.

Luchas Marcheggiano
Luchas Marcheggiano.
 

“La calidad de imagen es lo que más me da ganas de resaltar. La calidad HD (alta definición) es impresionante. Hoy hasta con una cámara doméstica la calidad de la imagen es mucho mejor”, asegura. “Antes cuando veía una película mía decía: ‘Qué lástima que se ve mal, pero es mi película’. Ahora no. La veo y se ve igual que cualquiera otra”.

Alquiló una cámara digital profesional, que le costó lo mismo que las que usaba antes, pero no tuvo que comprar celuloide ni cintas de video. Con una simple tarjeta de video lo grabó todo: “Uno puede grabar 24 horas en un día si quiere, cosa que en cine es imposible y en video se puede pero el costo supera a todo. Lo digital se puede estar grabando días y días si uno quiere”.

Este es uno de los aspectos que hacen del cine digital un instrumento ideal para el género documental. “Hoy día las tarjetas de memoria son muchísimo más baratas que el celuloide y, aparte, cuando se llenan se descargan a un disco rígido, se formatea y se vuelve a usar la misma”, se congratula Marcheggiano.

Con el cine digital pasa igual que con la fotografía. Con las cámaras de carrete uno se lo pensaba bien antes de tomar una foto, pues saliera como saliera la iba a tener que revelarla, imprimirla y pagar el coste de impresión. Hoy en día, se dispara varias veces y luego se elige la que mejor ha salido y se borran las demás.

Esto ha producido un florecimiento del cine documental, especialmente en Latinoamérica, donde la realidad en muchos casos excede a la ficción. Historias es lo que sobra. Para Marcheggiano, “el cine digital generó este boom para que cualquier persona que tenga ganas de contar una historia la cuente”.

En su casa en Buenos Aires aparecieron un día termitas y comenzaron a atacar sus muebles. Acudió a una tienda especializada a comprar un veneno que acabara con la plaga y cuando estaba consultando con el dependiente escucho una voz a su espalda que le preguntaba por la forma de las mordeduras dejadas por los insectos. Al parecer era fundamental para determinar que tipo de producto usar.

fotograma de un enemigo formidable
Fotograma de 'Un enemigo formidable'.
 

Como no se había fijado en ese detalle, el desconocido, un controlador de plagas, se ofreció a acompañarle para comprobarlo in situ. Fue así como conoció a Carlos Borghi, el protagonista del que iba a ser su próximo documental. Un personaje apasionado con su trabajo y con una fijación particular con sus némesis: las ratas.

Durante 19 jornadas le estuvo siguiendo con un equipo de tres personas (un camarógrafo, un productor y un técnico de sonido) y a partir de un oficio tan poco glamoroso con el de controlador de plagas crea un entretenido retrato de un personaje que parece una especie de superhéroe underground encargado de defender Buenos Aires del acecho de las ratas.

Un nuevo modo de hacer cine

Claudio Cordero, crítico de cine peruano y director del Fiacid y de la revista Godard, destaca que “el digital se acomoda bien a algunas historias, muy intimistas, que son como diarios personales. Uno graba con un celular o con la cámara de la laptop o las redes sociales… entra perfectamente para otro tipo de relatos, no un relato tradicional de Hollywood, sino para expresar cosas más íntimas, para lo que no necesitas contar con una gran producción”.

El tamaño y la manejabilidad de las cámaras que usa esta nueva oleada de directores contribuyen a la creación de un nuevo modo de hacer cine. Daniel Cortés, el camarógrafo de El Averno, reconoce que hubiera sido imposible entrar en el centro cultural con uno de los enormes aparatos de celuloide o video analógico y, por ejemplo, filmar los travellings entre la gente, disimulándose entre el público de los conciertos. Al contrario que con las cámaras de celuloide, la gente no se siente intimidada con los pequeños aparatos digitales.

Ahora, celebra Cortés, “hay más expresiones”. “El ángulo de la cámara lo puedes poner en cualquier lado sin tener complicaciones. Te puedes meter a diferentes partes de Lima, hasta lugares más pequeños a intentar grabar experiencias. Antes no se podía por el escándalo de una camarota”.

Demo de 'Un enemigo formidable'.
 

Cordero lo tiene claro: “Hay un nuevo cine gracias al digital”. No sólo se refiere al formato, pues ahora casi todo se rueda en digital y las diferencias en cuanto a recursos siguen siendo abismales entre los que hace la industria cinematográfica y lo que miles de autores fuera de ella están llevando a cabo.

“Estamos hablando de toda una actitud, de un espíritu de hacer cine con poco”, argumenta. Es mucho más económico, es muy ligero. Ahora una persona puede hacer su película con lo que tiene en el bolsillo, con un equipo mínimo”. Además, “hay películas que una persona hace absolutamente todo. Eso en otra época habría sido totalmente imposible”.

Esto “ha permitido otro tipo de historia, se adecúa mejor a ciertas atmósferas. Tiene esa ligereza, ese don casi de omnipresencia, de estar en todos lados. Es así que ahora está apareciendo mucho cine hecho por gente joven”, señala Cordero. “Hay una explosión de muchas películas nuevas, muchos directores jóvenes. Es algo que salta a la vista”.

En el Fiacid, un modesto y joven festival (este año celebró su tercera edición), “tuvimos algunos ejemplos de eso, de que hay un cine nuevo, gracias al digital”, agrega. Este certamen busca precisamente dar un espacio a ese renovado séptimo arte que está emergiendo. Su lema lo dice todo: “El cine que tú puedes hacer”. Doce de los 20 largometrajes en competición este año eran documentales.

Skype o como rodar a distancia

Desde afuera representa muy bien el nuevo paradigma que se está imponiendo en el cine documental. Sus autores, los venezolanos Pedro Camacho y Johann Pérez, no hicieron ni uno de los planos de la película. Fueron sus mismos protagonistas, cinco compatriotas que emigraron o están emigrando a otros países en busca de un futuro o incluso de un presente, los que se filmaron a sí mismos con sus cámaras, celulares y computadoras.

Trailer de 'Desde afuera'.
 

Los dos codirectores no sólo recurrieron a Skype para registrar las entrevistas a sus compatriotas desde países tan remotos como Japón, Australia o Croacia, sino que ellos mismos, uno instalado en Buenos Aires y otro en Barcelona, se comunicaron por ese medio para llevar adelante el proyecto y editar la película.

El objetivo del documental es mostrar cómo se siente los expatriados, qué añoran de Venezuela, qué es lo que les gusta de sus nuevos destinos y qué sienten al tener que estar lejos de sus familias y amigos.

“Decidimos utilizar la limitante principal, que era cómo grabar a toda esta gente a la distancia, como algo a nuestro favor. No verlo como no poder viajar a todos estos sitios a grabar, sino aprovechar que las tecnologías nuevas nos permiten que ellos se graben, el Skype y todo eso y que no sea la debilidad del documental sino que sea el fuerte”, explica Camacho.

El resultado es un collage de situaciones, experiencias de vida y escenas de la rutina diaria de cinco expatriados, así como de distintos formatos y calidades de imagen, que llevó dos años y que fue financiado mediante crowdfunding.

Camacho afirma que en décadas pasadas el documental en Latinoamérica  “tenía un fin político militante”. Sin embargo, “en los últimos años ha habido un renacimiento del documental como género a partir de todas estas nuevas tecnologías: historias personales, historias en primera persona…”.

“Hay un revival de eso porque todo el mundo tiene acceso a poder contar historias sin la maquinaria de una industria como hace falta en la ficción”, subraya.

Hacer una película uno solo

El peruano Farid Rodríguez forma parte de esa nueva generación que ha crecido con las nuevas tecnologías, a sus 21 años y con una inversión mínima, ya ha hecho dos cortos y tres largometrajes, dos de ellos documentales. En el último, ‘J’, sigue con su cámara a Juliana Alegría, una vendedora ambulante que vende sándwiches y bebidas en El Agustino, uno de los distritos más marginales de Lima.

cartel de J
Cartel de 'J'.
 

Es un documental de observación. Sin concesiones, sin entrevistas, sin diálogos, sin voz en off, en blanco y negro y con planos de varios minutos. “La propuesta era una cámara conviviendo siempre con ella en su ámbito laboral”, explica. “La grabé con una cámara compacta, casi del tamaño de mi celular. Es la más sencilla que te puedas imaginar”, admite.

La grabó y la montó prácticamente solo, con la única ayuda en algunos momentos de un encargado del sonido. “Me habré gastado 100 dólares. La edición fue en una computadora recontracavernícola con una pantalla toda malograda”.

“En cine digital en general ha hecho que mucha gente se mande con propuestas un poco más radicales, algunos experimentales. Es algo muy alentador. Ahora hay muchísimos más cineastas que antes. Muchos están muy escondidos pero a veces a la tercera o cuarta película empiezan a ser más visibles”, manifiesta.

Mayor libertad de movimientos, planos más osados, ángulos imposibles… el cine digital está permitiendo un nuevo lenguaje cinematográfico para quien quiera experimentar e innovar. Y, en el caso del documental, una sensación de realidad, de cotidianidad que le aporta un toque de autenticidad.

Las nuevas tecnologías nos han convertido a todos en periodistas improvisados de la realidad que nos rodea y a la vez han transformado a la sociedad moderna en un escaparate ajeno a la privacidad, creando una cultura del exhibicionismo. Algo que el documental aprovecha al máximo, sobre todo en esa modalidad que busca retratar personajes anónimos y revelar espacios hasta ahora accesibles sólo a unos pocos.

Filmar sin límites

“El digital aliviana todo. Todo se va haciendo más laxo, hay más permisos y eso enriquece el lenguaje y enriquece lo que uno ve. Condiciona totalmente la manera de trabajar para bien”, apunta el documentalista argentino Néstor Frenkel.

A Frenkel siempre le han interesado los personajes que se salen de lo habitual como el músico con síndrome de down que toca en un grupo de rock experimental de su película ‘Buscando a Reynols’, o el odontólogo que filmó en los años 70 un westerm amateur en la Pampa con una cámara de súper-8 y quería hacer un remake de ‘Amateur’.

Néstro Frenkel
Néstro Frenkel.
 

Su último trabajo ha sido ‘El gran simulador’, un retrato íntimo de René Lavand, un reconocido ilusionista zurdo que hace trucos de cartas usando solamente la mano izquierda tras haber perdido de niño la derecha en un accidente de tráfico.

Para este documental se permitió grabar 100 horas de la vida del protagonista. “Hay largas horas de líneas argumentales que ni siquiera aparecen en la película. “La captura en digital da un espacio a poder filmar y a poder pensar la película después, durante el montaje. Uno va con ideas, con presupuestos, pero lo que sucede es lo que sucede en la vida misma. Uno necesita tener muchos metraje para después encontrar la película. Haberlo hecho en celuloide es imposible de imaginar”.

Antes, recuerda, “había que estar tan seguro de lo que se hacía, por eso eran documentales o mucho más esquemáticos en general o absolutamente experimentales”.

No obstante, siente algo de nostalgia de la ya vieja forma de hacer cine. “Se pierde algo de la calidad de imagen del 35mm, que tiene algo que es muy único. Y se pierde algo de la magia de la proyección, de que haya una cinta que va dando vueltas por un aparatito y de un mecanismo, que tiene algo de artesanal y de químico, de algo que fue revelado. Ahora no. Ya nada se revela. Ahora somos todos binarios, somos ceros y unos corriendo por computadoras”.

El auge del documental propiciado por el digital es un fenómeno global y Latinoamérica lo está aprovechando para retratar la gran heterogeneidad y riqueza de un continente todavía desconocido en muchos aspectos. Algo que hasta ahora era patrimonio de la literatura.

La última batalla: la distribución

La “democratización” del cine se ha convertido en un tópico, pero refleja una nueva realidad. Pero la distribución y la exhibición son una historia aparte.

Una cosa es que uno pueda hacer un documental con recursos mínimos y otra que no le importe que la obra en la que ha invertido su tiempo, su ingenio y sus ganas la vean cuatro gatos.

Los autores recurren a los festivales para mostrar sus obras y, si es posible, hacer algo de caja con un premio. Pero estos eventos tienen un alcance muy corto y se dirigen a un público muy especializado.

La tecnología de nuevo contribuye a facilitar las cosas. Frenkel recuerda que apenas hace sólo seis años, cuando rodó ‘Construcción de una ciudad’ -la historia de Federación, una ciudad de su país que al ser anegada para construir un embalse fue reconstruida a unos kilómetros y que años después se convirtió en un próspero destino turístico al descubrir en su subsuelo aguas termales-, la ley argentina le obligaba, al concederle una subvención para producirla, a pasarla a 35mm.

Trailer de 'El gran simulador'.
 

“La filmé con un casetito que pesa 100 gramos y para exhibirla la tengo en ocho latas que pesan 20 kilos y que me costó un montón hacerlas, en plata y tiempo. Después, cuando tuve que ir a exhibirla al interior tenía que cargar las latas… una ridiculez total”.

Hoy en día ya no hay que llevar esas pesadas y ya casi prehistóricas latas, que se han convertido en el símbolo del cine, de un lugar a otro para exhibir una película. Los distribuidores ya no necesitan hacer caras copias para poder mostrarlas en varios países a la vez. Ahora las películas van en pequeñas cajas del tamaño de un disco duro y se puede duplicar como quien copia un archivo informático.

Pero aunque la calidad que ofrecen los nuevos dispositivos digitales permite proyectar estas películas en pantallas grandes, el acceso a las salas comerciales, todavía acaparadas por la industria hollywoodiense, sigue siendo una quimera para muchos de estos documentales.

Internet al rescate

Algunos de los directores que acudieron invitados al Fiacid no dudaron en llevar una copia en DVD de sus obras a Polvos Azules, un popular bazar de Lima donde hay puestos en los que se puede encontrar casi cualquier película que a un freaky de cine se le pueda antojar. Los autores de ‘El Averno’ sólo quieren que la gente conozca la historia que recogieron y quieren exhibirla gratuitamente donde se pueda (cine-clubs, centros culturales, universidades…). El principal objetivo de estos cineastas es dar a conocer su obra. Como sea.

Pedro Camacho
Pedro Camacho.
 

“Hoy en día se producen cosas increíbles acá en Latinoamérica. El asunto ahora es encontrar el espacio para verlo”, reconoce Pedro Camacho. “Si en la región para que el público se interese por el cine local comercial es difícil, ¿cómo va a ser para una película documental que requiere un poco más de participación del espectador? Cazar al público de ficción es difícil, al de documental es el doble de difícil”.

Para el venezolano, las salas comerciales no son la salida para ese tipo de cine. En su país, dice, “los documentales que llegan a salas serán dos al año. Se hacen cosas bien interesantes pero no encuentran público”.

Para ‘Desde afuera’ recurrieron a Internet y durante un mes, se pudo ver gratuitamente en su página web oficial. Pero al cabo de ese tiempo la tuvieron que retirar para poder aspirar a participar en algunos festivales, que excluyen obras que tienen libre acceso en la red.

No obstante, “creo que la gente debería arriesgarse más con Internet. Siento que es el camino del documental hoy en día porque las salas no te van a dar más espacios”, propone Camacho.

“Tengo entendido que muchos hacen esto”, asevera Cordero. “Aunque es algo que todavía está en una fase de experimentación, de tanteo”.

El cine documental independiente está viviendo una revolución digital. Cientos de jóvenes cineastas latinoamericanos tienen ganas de contar historias y tienen los medios para hacerlo. Materia prima no les falta. En cuanto encuentren la manera de darlas a conocer y -¿por qué no?- ganarse la vida con ello, su evolución será impredecible.

 
 
 
PORTADA NOTICIAS REPORTAJES ESPECIALES VIDEOS VIAJERO ERRÁTICO
Sigue Crónica Errática en Crónica Errática en facebook Crónica Errática en Twitter  
 
 
Sobre el autor
 
© Crónica errática. Todos los derechos reservados. E-mail de contacto: cronica_erratica@yahoo.com