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REPORTAJE
Prisioneros del coque

Minatitlán / Jáltipan (México). Texto: Pablo Pérez Álvarez. Fotos: Pep Companys.
El coque es un residuo del petróleo utilizado por como combustible industrial. Desde hace cinco años la refinería mexicana de Lázaro Cárdenas, en Minatitlán, comenzó a producirlo, pero antes de llegar a las fábricas deja un rastro por los pueblos de Capoacán, que se tienen que encerrar en sus casas para evitar la pestilencia y el polvo procedente del la planta, y de Jáltipan, que acoge un almacén de coque y denuncia la contaminación de sus acuíferos.

Elena Riquer muestra el coque que se impregna cada día en las ventanas de su casa, en Capoacán.
Elena Riquer muestra el coque que se impregna cada día en las ventanas de su casa, en Capoacán. Autor: Pep Companys.

Elena Riquer pasa la palma de la mano por la ventana de su casa, en la comunidad mexicana de Capoacán, a orillas del caudaloso río Coatzacoalcos y luego la muestra. Está completamente negra. Todas las mañanas amanece así. Y no sólo las ventanas. Las paredes, el techo de lámina, la superficie del agua de los pozos del agua que usan para lavar la ropa y algunos incluso para beber… todo queda en pocos días cubierto de una capa de polvo negro.

Se trata de las partículas que genera la planta de procesamiento de coque que tienen justo a la otra orilla del río, en la refinería de Lázaro Cárdenas, la más grande del país y propiedad de la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex). El coque es un residuo del petróleo que, una vez procesado, es utilizado como combustible en fábricas industriales.

Cuando empieza a caer la noche, la planta empieza a funcionar a pleno rendimiento. Un resplandor que sale de su chimenea ilumina la noche y el ruido que genera, un rumor constante de calderas, se hace claramente perceptible en Capoacán, un pueblo de humildes pescadores de unos 2.000 habitantes. De vez en cuando, las chimeneas desfogan y el rumor se convierte en un bramido que interrumpe el sueño de los vecinos.

Repercusiones para la salud

Pero el ruido no es lo peor. Tampoco el polvo negro que cubre poco a poco todo Capoacán. Ni siquiera el calor que genera y que intensifica a la ya alta sensación térmica de esta zona selvática.

Refinería de Lázaro Cárdenas por la noche.
Refinería de Lázaro Cárdenas por la noche. Autor: Pep Companys.
 

Lo peor es el nauseabundo olor que llega cada noche, impregna hasta los alimentos y los constantes problemas de salud que sufren los vecinos y que atribuyen a la planta procesadora de coque: dolores de cabeza, problemas respiratorios, sarpullidos… Y otros más graves que no están documentados porque las autoridades no hacen estudios médicos para conocer el impacto de la procesadora en la población.

“Yo siento que hasta la cara me duele. No aguantamos el dolor de cabeza”, se lamenta Elena Riquer, de 55 años. Cuenta que cuando la planta de coque comenzó a operar hace ya cinco años se ahogaba con el humo: “Fui a la Cruz Roja a que me hicieran unos estudios y me dijeron que tenía bronquitis crónica”.

Rocío Sánchez, su nuera, tuvo un bebé hace tres años y recuerda que durante su embarazo padecía dolores constantes y los médicos le dijeron que tenía riesgo de aborto. Su hija, desde que nació, sufría comezón constante: “Incluso se arrancaba el cabello al rascarse”.

“A veces uno está aquí tomando el fresco y de repente viene el olor. Los bebés, si están comiendo, incluso vomitan. Es muy penetrante”, se lamenta. “En primavera hace mucho calor y uno tiene que abrir las ventanas, pero el olor es nauseabundo. Hay que elegir: el calor o la peste”.

"Estamos presos en nuestra propia casa"

A Juan Luis Francisco, otro vecino, le preocupa el impacto que el humo de la planta de coque tiene sobre todo en los niños: “Nosotros nos vamos a trabajar fuera del pueblo, pero ellos se quedan todo el día aquí”.

los niños de Capoacán sufren sarpullidos y otros problemas de salud.
los niños de Capoacán sufren sarpullidos y otros problemas de salud. Autor: Pep Companys.
 

En la temporada de calor, dice, no pueden tener abiertas las ventanas. “Mejor tener calor que estar oliendo ese olor fuerte. En cuanto cambia el viento y viene en esta dirección, los chicos se tienen que meter en la casa. Prácticamente estamos presos en nuestra propia casa”, se queja.

Lorenzo Bozada, un biólogo de Coatzacoalcos que lleva varios años investigando las concentraciones de mercurio en el agua y los peces de esa región y sus efectos sobre la salud, afirma que según la legislación mexicana “no debe haber asentamientos humanos a menos de un kilómetro de la refinería”. “Pero cuando se inició ésta no había nada en los alrededores y los empleados se fueron acumulando en la zona porque se trabajaba jornada partida y así podían ir a comer a casa. Por lo tanto la refinería está rodeada de asentamientos humanos, algo que, agrega, se repite en todos los complejos petroleros de México.

El investigador, hijo y nieto de trabajadores petroleros, pone en duda los resultados de un estudio atmosférico en Capoacán que Pemex (la petrolera estatal mexicana dueña de la refinería) encargó y que “indican que, por ejemplo, que el aire es más limpio que el que hay en todo México. Eso no es posible”.

Altas concentraciones de partículas contaminantes

“Esos datos no son creíbles”, asegura, porque hace unos años, antes de que se comenzara a tratar el coque, una organización ambiental de la zona, la Asociación de Productores Ecologistas de Tatexco (Apetac), realizaron un estudio rudimentario con cubetas y encontraron altas concentraciones de sustancias como benceno, tolueno y azufre.

Gonzalo Rodríguez, de Apetac, señala que fueron “mediciones caseras pero estamos demostrando que hay altas concentraciones de contaminantes” con niveles de hasta 200 partículas por millón.

El agua que recogen los vecinos de Jáltipan de sus tejados es completamente negra.
El agua que recogen los vecinos de Jáltipan de sus tejados es completamente negra. Autor: Pep Companys.
 

“Está demostrado que el coque tiene altas concentraciones de azufre, metales pesados como níquel, cobalto… y que tiene hidrocarburos aromáticos”, señala.

El investigador subraya que la ley mexicana es muy permisiva en cuanto a emisión de contaminantes a la atmósfera, pero que si se comparan los resultados con los parámetros del vecino Estados Unidos, las emisiones son extremadamente superiores a lo recomendado para la salud. “Más o menos andamos en el nivel de Senegal”.

Además, Bozada sospecha que el humo del coque transporta mercurio, algo que, reconoce, todavía no se ha podido demostrar.

El Coatzacualos "va a ser pronto un río muerto"

Lo que sí ha podido comprobar es que peces recogidos en la parte del río Coatzacoalcos donde la refinería expulsa sus residuos tenían altas concentraciones de este elemento altamente perjudicial para la salud.

“Este río ya está supercontaminado. Va a ser río un muerto pronto”, advierte Rodríguez.

A sus 55 años, Rafael Ríquer, hermano de Helena, ya no puede ganarse la vida como lo ha hecho siempre, como pescador: “Te metes a pescar ahora en el río y no agarras nada. Desde que está la planta de coque es peor. Así que ahora ya no salimos a pescar, vamos a la refinería a pedir trabajo”.

Gonzalo Rodríguez advierte que han aumentado en la zona los casos de cáncer, pero las autoridades sanitarias se despreocupan del asuntos: “Ni siquiera tienen documentado cuántas personas mueren al año de cáncer, ni de problemas renales”.

Jáltipan, otra víctima del coque

Capoacán y los otros pueblos situado cerca de la refinería no son las únicas víctimas del coque en la zona. En Jáltipan, situado a unos 20 kilómetros, se instaló hace dos años un almacén al aire libre para el coque. Este combustible sólido es llevado en tren hasta este espacio abierto donde se amontona para luego ser distribuido a otros puntos del país para alimentar plantas industriales.

El pueblo de Jáltipan está dividido respecto a la presencia de un almacén de coque.
El pueblo de Jáltipan está dividido respecto a la presencia de un almacén de coque. Autor: Pep Companys.
 

Esto ha dividido a la población del pueblo, entre quienes están a favor del almacén y quienes ven en él un foco de contaminación y exigen su cierre.

“El pet-coke tiene los elementos químicos más pesados, como el cromo, el vanadio, el níquel y el plomo, y un alto contenido en azufre. También se ha determinado científicamente que estos pueden ocasionar cáncer”, argumenta José Luis Jerónimo, un ingeniero bioquímico que se opone al almacén.

La empresa, explica Jerónimo, “ha puesto unas geomembranas (en las fosas en las que se almacena el coque), compuestas principalmente de celulosa, para evitar que cuando llueva demasiado, toda esa agua embarrada con todos los elementos químicos pesados llegue a los mantos freáticos”, pero “va a ser suficiente porque en el tipo de suelo que se encuentra es un tipo de suelo ácido en el que, cuando llueve, la tierra tiende a estar muy blanda y, cuando se seca empieza a erosionarse a partirse. Entonces en esta época de lluvia va a llegar un momento en que vamos a tener una estación de calor fuerte que va a empezar a abrirse y el agua va a buscar salida”.

Greenpeace teme la contaminación de los acuíferos

Greenpeace ha manifestado también su preocupación por la posible contaminación de acuíferos por el coque y ha advertido de que el coque está catalogado como residuo peligroso por el gobierno mexicano y no tiene que estar almacenado al aire libre y en ningún caso en cuerpos de agua ni en zonas cercanas.

También preocupa a algunos vecinos de Jáltipan la contaminación que, afirman, se esparce por el aire, pues a pesar de que la empresa García Monté humedece las montañas de coque con agua mediante el proceso de nebulización, el intenso calor de la zona la evapora rápidamente.

El coque es un resideo del petróleo que se utiliza como combustible industrial.
El coque es un resideo del petróleo que se utiliza como combustible industrial. Autor: Pep Companys.
 

Julisa Hernández, una de las más activas opositoras al almacén de coque, apunta que “los cultivos de la región están completamente dañados. Los campesinos se quejan de que ni con fertilizantes reviven los cultivos, pues los suelos ya no producen. El suelo se está desertificando”.

Además, agrega, “cada vez que hay lluvias hay muerte de ganado”. Desde que comenzó a llegar el coque han contabilizado una docena de reses muertas que atribuyen a la contaminación del agua. “Las aguas fluviales pasan primero por el almacén de coque y llegan luego pasan por las parcelas, queda sobre el pasto y ahí la comen los animales”.

Hernández también culpa al coque del incremento de la mortandad de peces en la zona y de la desaparición de mariposas. “Ya no se ven casi”. “Parece que estuvieran usando un arma química”, sentencia.
 
 
 
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