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REPORTAJE
Un tesoro rupestre víctima de la dejadez

Cajamarca (Perú). Pablo Pérez Álvarez
El cerro de Qayaqpuma, en el departamento peruano de Cajamarca, en el norte andino, se encuentra una de las mayores concentraciones de pinturas rupestres del país. El lugar, como fuente de agua y observatorio astronómico, era un lugar especial para los habitantes de la región hace miles de años. Como muestra de ellos dejaron cientos de conjuntos pictóricos compuestos de figuras animales, humanas y otras indefinidas de significado misterioso. El antropólogo Alfredo Mires, que investiga desde hace años el lugar, ha encontrado incluso diguras que aparecen y desaparecen según la hora del día. Sin embargo, el lugar es desconocido para la mayoría de los propios cajamarquinos y, como otros muchos tesoros arqueológicos de Perú, está abandonado por las autoridades y a merced de visitantes bárbaros que han dañado algunas pinturas.

pinturas rupestres de Qayaqpuma
El cerro de Qayaqpuma, en las afueras de Cajamarca contiene una de las mayores concentraciones de pinturas rupestres de Perú.

Quien no conozca previamente el lugar puede fácilmente pasarse de largo el acceso a las cuevas del Pumushco, donde se encuentra la “antesala” de la que quizás sea la mayor concentración de pinturas rupestres de Perú, en el cerro de Qayaqpuma (o Callacpuma, en su versión castellanizada), en la provincia de Cajamarca. A unos 20 minutos en auto de la capital provincial, un sencillo cartel, situado entre las casas dispersas al borde la carretera que va a Cajabamba, anuncia el inicio del camino que discurre entre los árboles al lugar.

El Qayaqpuma esconde cientos de murales con extraños símbolos pintados sobre la roca de cuevas y a la intemperie, además de una buena cantidad de otros vestigios prehispánicos. Sin embargo, el lugar está completamente olvidado por los arqueólogos y por las autoridades tanto a nivel local como nacional.

Tras un leve subida, se llega a las cuevas, donde apenas hay un anticipo del arte de los antiguos habitantes de la zona: un grupo de unas figuras aparentemente informes de color rojo. Pero apenas se resaltan entre los nombres e iniciales que visitantes más modernos trazaron en la roca, algunos superpuestas incluso a las pinturas originales.

pinturas rupestres de Qayaqpuma
Pinturas rupestres dañadas por vándalos.
 

Por el suelo enfrente de las cuevas y en el interior de la cueva, botellas rotas y plásticos, vestigios de una farra de la noche anterior.

Desconsideración y falta de interés por el patrimonio

“Cuando uno va al Qayaqpuma, particularmente a las cuevas del Pumushco, se puede encontrar con esta vergüenza”, lamenta el antropólogo Alfredo Mires, que lleva 30 recorriendo y conociendo la montaña.

“En las cuevas, hay una piedra donde está escritos con tippex los nombres de toda una promoción de un colegio, incluidos los profesores”, clama como ejemplo de la desconsideración de algunos visitantes hacia el lugar.

Mires critica que “no solamente la manera en como se destruye, cómo se depredan estos sitio, sino también como se permite esta depredación”. “Hay una negligencia muy grande aquí. Este descuido radica en la falta de interés por lo que constituye nuestro patrimonio”, agrega.

En las tres décadas que lleva indagando los secretos del Qayaqpuma, ha encontrado más de 400 conjuntos pictóricos con alrededor de 4.000 figuras repartidos a lo largo de sus cuatro kilómetros de largo por dos de ancho.

Pinturas, tumbas, templos...

Pese a todo, apenas se ha estudiado este sorprendente patrimonio. Mires apunta que tan sólo se hicieron unas excavaciones arqueológicas a finales de los años 40 en la gruta, situada en la parte occidental del cerro. Entonces se llevaron a cabo pruebas de carbono 14 que “arrojaron una antigüedad de los restos orgánicos ligados a la cueva de 7.000 y pico años”. También hubo una exploración posterior de espeleólogos españoles.

Pero no se ha profundizado más en las investigaciones de la gruta, y mucho menos en el resto de la montaña, donde uno se puede encontrar en cualquier recodo de las escarpadas rocas que la forman una superficie lisa pintada, incluso en lugares de muy complicado acceso.

Señal que marca el acceso a la zona de pinturas rupestres
El lugar está apenas señalizado. Pocos habitantes de Cajamarca son conscientes del tesoro que tienen al lado.
 

En el lado oriental, también hay terrazas para cultivos, habitáculos, tumbas de diferentes épocas (Mires ha contabilizado una cuarentena), basamentos de templetes… Y no obstante, el lugar es desconocido incluso para muchos habitantes de la cercana ciudad de Cajamarca.

"El puma que convoca"

Francisco Vigo, un comunicador cajamarquino no conoció el lugar hasta hace unos tres años. Pero cuando lo descubrió, el encanto del lugar, haciendo honor a su nombre, que en quechua significa “el puma que convoca”, lo . Y desde entonces se ha dedicado a fotografíar los restos arqueológicos y el cerro. Con el material recopilado ha organizado una exposición y ha publicado un libro. Para ello ha obtenido el auspicio de la municipalidad de Llacanora, que comparte el cerro con el vecino Baños del Inca.

“El proyecto está enfocado a crear conciencia para que la gente respete el lugar”, afirma Vigo, si bien reconoce que esto puede convertirse en “un arma de doble filo porque, al crear conciencia de que existe, va a venir más gente a dejar basura y a destruirlo”.

pinturas rupestres de Qayaqpuma
Los habitantes de Qayaqpuma buscaron superficies lisas para hacer sus grafittis.
 

“Lo ideal es que el proyecto sirva como herramienta para que los municipios puedan buscar financiamiento para crear un circuito turístico, proteger, investigar y darle el lugar que se merece”, indica.

Al entrar en la cueva del Pumshco, que quiere decir “el ano del puma”, el lugar por el que se puede acceder al vientre del puma, aparte de tres oquedades que pertenecen a sendas rutas hacia cuevas de murciélagos, se aprecian más indicios de una noche de borrachera y alambres de llantas que la gente quema para fastidiar a estos roedores voladores. Junto a estas evidencias de vandalismo, también hay hojas secas de coca esparcidas por en el suelo, pues los lugareños, algunos de los cuales tratan con respeto el lugar, siguen haciendo ofrendas.

Una ciudad mítica llena de plantas medicinales

Vigo admite que nunca se ha internado más en la gruta “porque el olor es verdaderamente insoportable, debido a los murciélagos. Sin embargo, todavía algunos ancianos cuentan la leyenda de que en las entrañas del cerro existe una ciudad con un lago lleno de plantas medicinales, en el que hay una claridad como si fuera de día.

pinturas rupestres de Qayaqpuma
Esta 'cascada' de llamas de distintos colores es uno de los conjuntos más destacados de Qayaqpuma.
 

El comunicador hace un recorrido por algunas de las pinturas más destacadas de los alrededores de la cueva. Las más cercanas están dañadas por grafitis modernos, pero están intactas al alejarse de ese punto.

Algunos conjuntos tienen una sola figura, otros más de medio centenar. Los motivos son diversos y bastante rudimentarios. Hay figuras antropomorfas, auquénidos, figuras geométricas, formas que parecen una media pirámide o símbolos que recuerdan los caracteres de la escritura china.

Una enorme roca muestra en una parte protegida de los rayos del sol, varias pinturas rojas, con figuras antropomorfas, círculos y otras diseños geométricos.

Unos minutos más adelante, hay un conjunto todavía más sorprendente: dos columnas de camélidos, los cuales parecen brotar de dos congéneres más grandes de color amarillo situados en la parte superior. Los hay en amarillo y en rojo, y entre ellos se encuentran también unos personajes con forma humana. A un par de metros de distancia, hay una columna casi idéntica, pero más pequeña.

El misterio de su significado

“Las formas indefinidas, que uno no puede saber que son, son las predominantes en Qayaqpuma”, explica Mires. “Las que les siguen en número son las que a la vista podríamos calificar como auquénidos: llamas, alpacas, vicuñas”, añade. Incluso de animales “ya extintos”, como un tipo de ciervo.

Cueva del Pumsco
La cueva del Pumshco es el lugar de acceso al cerro.
 

Y por último estás las figuras de forma humana, algunas de las cuales presentan extraños objetos en las manos y lo parecen ser tocados.

El antropólogo reconoce que no es posible saber lo que querían decir estas imágenes, incluso en las formas más definidas. “No necesariamente lo que vemos desde nuestro criterio ha sido lo que el artista de aquel entonces ha hecho nacer de la roca. Yo veo la imagen de una llama y quizás representa al viento del norte”, argumenta.

Sin embargo, sí ha encontrado algunos aspectos interesantes, como el hecho de que no aparece “gente alanceando a otro animal”, como sí aparece de forma bastante en otras pinturas rupestre tanto de Perú como del resto del mundo.

La nauraleza por encima del hombre

Además, llama la atención sobre el hecho de que no hay en todo Qayaqpuma “imágenes donde el ser humano esté por encima de la naturaleza: el hombre está por abajito de las llamas, por un costadito, nunca está arriba”. Esto, subraya, “demostraría de alguna forma que había otro concepto de las relaciones vitales entre las especies”.

pinturas rupestres  de Qayaqpuma dañadas
La desidia de las autoridades y la desconsideración de los visitantes han dañado irremediablemente algunas pinturas.
 

Mires aún va más lejos y defiende que, frente a la concepción genérica de que las sociedades primitivas eran cazadoras-recolectoras, al menos en el caso de las que pasaron a través de los años por Qayaqpuma, “estaríamos hablando de sociedades criadoras. Esa es la primera evidencia cuando uno ve las pinturas”.

Las pinturas abarcan varios colores y tonos: empezando por todo una gama de rojos y siguiendo por el amarillo, el banco y, en sólo dos lugares, el negro. Para la elaboración de los colores, se han usado óxidos, principalmente de hierro y de zinc, y Mires cree que también se empleó, pulverizada, la piedra hematita que se encuentra en grandes cantidades en el cerro.

En lo respecta a los aglutinantes para esas pinturas, el estudioso destaca que para lograr esa durabilidad en un espacio situado casi todo a la intemperie, “tiene que haber sido trabajadas de forma generacional”. “Eran generaciones que se pasaban los datos, que se educaban constantemente para poder hacer permanecer y traslucir en estos mensajes”.

Pinturas que aparecen y desaparecen

El antropólogo, en una de sus excursiones a la montaña hizo hace unos años un descubrimiento sorprendente. Al tratar de descifrar la distribución de las pinturas, el hecho de que en unas superficies haya pinturas y en otras no, le llamó la atención particularmente una pared lisa idónea como lienzo rupestres. Sin embargo, no había ni rastro de color.

“Opté por quedarme a dormir para ver si había alguna variación en la noche”, recuerda. “La sorpresa que me llevé fue que en cuanto aparecían los primeros rayos de luz la pintura estaba ahí, pero a medida que avanzaban los minutos, a las seis y cuarto de la mañana, automáticamente iba desapareciendo”. Y lo mismo sucede con los últimos rayos del atardecer.

pinturas rupestres de Qayaqpuma
Figuras de animales y de humanos son algunas de las más recurrentes en Qayaqpuma.
 

Mires todavía se maravilla por la técnica que encontraron estos desconocidos pintores para lograr semejante efecto visual.

Sin una investigación en profundidad, no es posible determinar la edad estos murales y quiénes fueron sus autores. Mires, que ha publicado cuatro libros con los diseños de las pinturas que ha ido encontrando, ve en los murales “distintas manos y distintas épocas”. Otros restos arqueológicos hallados en el lugar, permiten constatar que por Qayaqpuma pasaron distintas poblaciones a lo largo de los siglos: “Podemos encontrar restos de cultura chavín de hace 3.000 años, o de la mochica, de la Cajamarca indudablemente, o incluso paracas”.

Fuente de agua y observatorio astronómico

No obstante, considera que este sitio atrajo a los antiguos por ser “un abastecedor increíble de agua”, pues incluso “en época de estío tiene por lo menos seis espacios de abastecimiento de agua”. También, en él se encuentra una importante cantidad de plantas medicinales.

Francisco Vigo subraya la importancia que la montaña debió de tener como observatorio astronómico, como apunta el hallazgo de lo que piensa que son “espejos astronómicos”: huecos tallados en la piedra que se llenaban de agua para que se reflejaran en ella determinadas constelaciones en épocas específicas del año.

“Este es el único cerro que conozco en esta zona de Cajamarca que haya tenido tantos usos. Que esté lleno de pinturas rupestres, que hay sido lugar de ofrendas, que haya sido observatorio astronómico, que haya sido cementerio…”, asevera.

Por desgracia la desidia está poniendo en riesgo esta rica herencia de los ancestros que habitaron Qayaqpuma. “Cuanto más nos tardemos en proteger el cerco, más en riesgo está”, advierte Mires.

pinturas ruprestrs de  Qayaqpuma  
   
 
 
 
 
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