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REPORTAJE
Un paso en busca de la reconciliación en Perú

Lima. 27 de marzo 2016. Pablo Pérez Álvarez
Pese a que han pasado 26 años desde que, con el fin del régimen autoritario de Alberto Fujimori (1990-2000), terminó en Perú un sangriento conflico interno que comenzó con la sublevación de Sendero Luminoso y dejó decenas de miles de muertos y desaparecidos, el país todavía no ha comenzado un proceso para asmiliar lo que pasó y buscar la reconciliación. Incluso muchos jóvenes peruanos carecen de una información mínima de lo que significaron esos hechos. Pero desde diciembre pasado, y gracias sobre todo a la insistencia de la cooperación internacional (principalmente de Alemania) y de algunas personaslidades y actores sociales como el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa y las asociaciones de víctimas, el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social cuenta con una recuento de lo sucedido en esos años para homenajear a las víctimas y tratar de generar un debate que ayuda a evitar olvidar el pasado y conjurar el riesgo de repetirlo.

Lugar de la Memoria
Perú ya tiene un espacio donde recordar y homenajear a las decenas de miles de víctimas que dejó su conflicto armado interno entre 1980 y 2000.

Después de superar numerosos obstáculos y la oposición solapada de varios actores sociales y políticos, en diciembre pasado se inauguró en Lima el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social en un intento de que Perú no olvide y, por lo tanto, no repita el sangriento conflicto interno que vivió en las décadas de 1980 y 1990.

Esa guerra dejó, según el informe emitido por una Comisión de la Verdad y Reconciliación en 2003, casi 70.000 muertos, entre 12,000 y 15.000 desaparecidos y mas de un 600.000 desplazados, como consecuencia del intento por hacerse con el poder de las leftist guerrillas de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) y la cruenta respuesta del Estado, que golpeó indiscriminadamente a la población indígena andina.

A pesar de eso, hoy en día muchos jóvenes peruanos saben muy poco de lo que sucedió esos años, pues no habían nacido o eran muy jóvenes como para recordarlo. La mención a esa época en las escuelas es mínima y en los medios de comunicación apenas se habla al respecto de ello, aunque todavía hoy se juzga algunas de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Ejército y la policía en procesos interminables y muchas veces cerrados sin culpables.

Lugar de la Memoria
El LUM busca un relato balanceado de 20 años de violencia política en Perú.
 

Y es que, 24 años después e la captura del líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, que supuso del principio del fin de este violento grupo maoísta, y 16 después del fin del régimen autoritario de Alberto Fujimori (1990-2000), las heridas de esa guerra siguen abiertas. La reconciliación nacional sigue lejos, puesto que todavía hay muchas sensibilidades y puntos de vista opuestos sobre lo sucedido en esa época y las diferentes responsabilidades.

El riesgo del olvido

“Para muchas personas ese fue un periodo de mucho dolor, por lo que sienten una necesidad de olvidar el hecho para no profundizar en el impacto que tuvo sobre ellas”, reconoce Owan Lay, director del Lugar de la Memoria. No obstante, Lay recuerda la máxima de Marco Tulio Cicerón de que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.

Gisela Ortiz, que perdió a un hermano, Luis Enrique, asesinado junto a otros ocho universitarios y un profesor en una matanza llevada a cabo en 1992 por un grupo paramilitar a las órdenes del régimen de Fujimori, coincide en que “hay muchas desinformación sobre esa época, principalmente en los jóvenes”.

“Ahora vivimos una situación distinta y hablar de los coches bomba, de los apagones, de los muertos que amanecían en las calles es una cosa como irreal”, agrega Ortiz. Por eso creo que es necesario que sea un espacio para que la gente conozca, se involucre, sepa, quiera averiguar un poco más”.

El informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación entre sus recomendaciones destacaba la necesidad de crear espacios de memoria histórica para conmemorar a las víctimas de ese conflicto.

Lugar de la Memoria
Mediante textos, fotos, vídeos y archivos sonoros se relatan casos emblemático y se analizan distintos aspectos de la época de la violencia.
 

Esto es lo que se hace en el Lugar de la Memoria. En su exhibición permanente se hace un relato de lo que sucedió en esos años, no sólo cronológico, sino analizando distintos aspectos, el papel de los maestros en las zonas rurales o de los medios de comunicación de la época, la reacción del Estado a los grupos insurgentes, el surgimiento de comités de autodefensa, los atentados de Sendero Luminoso en Lima, la violencia sexual ejercida principalmente contra mujeres, la creación de organizaciones de familiares de víctimas...

El contenido del museo

Pero precisamente las víctimas tienen un lugar preponderante en la muestra. Para empezar se exhiben casos emblemáticos en el que se muestran los distintos tipos de perpetradores que contribuyeron a la exacerbación de la violencia. Así, se recuerda cómo los indígenas ashaninkas, un pueblo amazónico, perdieron más de una quinta parte de su población a manos de Sendero Luminoso, que los esclavizó, reclutó a la fuerza a sus jóvenes y asesinó a muchos de los que se les oponían. Se recuerda también la matanza de 1984 en el pueblo andino de Putis, donde más de 123 personas, incluidos 19 niños, fueron asesinadas por el ejército. O la de ocho periodistas en Uchuraccay, otra localidad de los Andes, donde según la versión oficial –cuestionadas por los familiares- los pobladores confundieron a sus víctimas con miembros de Sendero Luminoso y los mataron a sangre fría.

También hay un espacio en el que se puede escuchar los testimonios en primera persona algunas víctimas, tanto de las guerrillas como de las fuerzas de seguridad, mientras el visitante los ve cara a cara e unas enormes pantallas.

Está previsto organizar visitas de alumnos de colegios de Lima y el museo busca fondos para llevar una exposición itinerante por el resto del país.

Además, contará en las próximas semanas con un centro de documentación e investigación virtual que pondrá a disposición del público, a través de su página web, unos 10.000 archivos vinculados la época de la violencia. Entre ellos, destacan 12.000 minutos de grabaciones en video de los testimonios que recogió la CVR.

Un largo proceso

Lugar de la Memoria
La falta de voluntad política alargó durante siete años la construcción del LUM.
 

El proyecto para construir el Lugar de la Memoria, siguiendo la pauta de otros museso similares construidos en países latinoamericanos que sufrieron dictaduras  o conflictos políticos violentos como Chile, Argentina o México, arrancó en 2008. Fue impulsado por organizaciones de la sociedad civil y personalidades como el premio Nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa y ha contado con el apoyo de la cooperación internacional, principalmente del gobierno alemán, que ha sido el que ha puesto la mayor parte de los más de 30 millones de dólares que ha costado.

Pero ha tardado siete años en concretarse porque no había verdadera voluntad política para ellos. Cuando empezó era presidente por segunda vez Alan García, en cuyo primer gobierno (1985-1990) se cometieron muchas de las peores violaciones a los derechos humanos del conflicto. Le sucedió Ollanta Humala, un militar en retiro, quien no mostró mucho interés en el proyecto. El edificio, situado frente al Pacífico pero en un lugar poco accesible de Lima, se inauguró en junio de 2014, pero el guión museográfico se demoró otro años y medio.

Los responsables del Lugar de la Memoria han estado durante meses consultando a organizaciones de víctimas y otros colectivos en un complejo y delicado proceso para decidir el contenido del museo. Lay considera que “como producto final hay una museografía que brinda una visión balanceada de lo que sucedió entre 1980 y 2000”. Muestra, afirma, “un conjunto de hechos y que contribuye a que el visitante desarrolle una actitud o un pensamiento crítico sobre el momento que vivimos muchos peruanos”.

Críticas al contenido

Sin embargo, como era de esperar, las víctimas de uno y otro lado no se muestran del todo satisfechos con el resultado. Por un lado, Gisela Ortiz critica que se presente lo sucedido como una serie de hechos aislados sin explicar “las causas y cómo fue que terminamos así”. Hecha de menos que se hable de cómo es la situación actual de las víctimas, que después de 16 años del fin del conflicto siguen sin encontrar justicia ni reparación.

Además, agrega, el museo no explica el objetivo político de las guerrillas de izquierdas, que les llevaron a cometer graves crímenes contra la población, ni se considera que los ataques de las fuerzas de seguridad contra la población civil fueron parte de una respuesta sistemática, de una política de Estado.

Lugar de la Memoria
Los testimonios de las víctimas tienen un papel central en el museo.
 

Por otro lado, Sandra García, presidenta de la Asociación de Viudas, Madres y Sobrevivientes de Miembros de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, cree que la exhibición pone al Ejército y la policía a un mismo nivel que Sendero Luminoso y el MRTA. “Están desprestigiando a todas las Fuerzas Armadas y a toda la policía”, dice.

“El 90% del contenido es sobre los excesos que cometieron los militares, y sólo el 10% es de lo que ha hecho Sendero. No ponen los miles y miles de atentados con coches bomba de policías, de militares”, indica García. Ella perdió a su marido, Roberto Morales, capitán de policía, en 1993 en una emboscada en el norte del país en la que murieron también otros 16 compañeros. Él tenía 37 años y ella quedó sola a cargo de cuatro hijos.

En opinión de García, no hubo una política sistemática de violación a los derechos humanos, como piensa que se deduce del contenido del Lugar de la Memoria, sino “hechos aislados”. “¿Por qué no habla de los valerosos policías y militares que murieron en los enfrentamientos?”, cuestiona.

No hay una memoria única

Lay explica que la lógica del museo “no es tener una respuesta única, no es generar una sola memoria colectiva, sino más bien un conjunto de memorias (es decir, puntos de vista sobre el conflicto dependiendo de la parte desde el que se vivió) que alimenten un conjunto de memorias colectivas. Pero el objetivo final es “generar el debate y el diálogo” y que “cada uno de los visitantes a encontrar sus propias respuestas a sus propias preguntas”.

Lugar de la Memoria
Espacio dedicado a la violencia sexual.
 

Todas las víctimas consideran importante este museo. “sí creo que es un lugar valioso para la memoria de nuestro país más allá de que puedan faltar cosas. Nos puede servir a los peruanos para entendernos, para entender el dolor de los demás, para aprender a respetarnos”, asegura Gisela Ortiz. “Por lo menos ya tenemos un espacio, que se puede ir modificando y donde se va a poder contar la verdad. Hemos avanzado”, coincide Ramírez.

Este es pues un pequeño paso en busca de una reconciliación que parece lejano. No sólo víctimas de los grupos terroristas y de las fuerzas del orden consideran que el contenido es tendencioso. En las consultas para definir su contenido no se contempló contar con el punto de vista de los que defienden la actuación de los grupos insurgentes, que todavía están presentes en la sociedad en un número difícil de cuantificar y que tienen prohibido incluso participar en las elecciones.

“¿Cuándo va a haber reconciliación? Tal vez cuando nazca una nueva generación y desconozca lo que pasó”, plante Sandra Ramírez.

 
 
 
 
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