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CRÓNICA
Hospital de Jesús,
legado y tumba de Hernán Cortés

Ciudad de México. Pablo Pérez Álvarez
Hernán Cortés, tras conquistar definitivamente la gran Tenochtitlán, en 1521, mandó construir un hospital para atender a los más desfavorecidos en el punto en el que se había encontrado por primera vez con el meperador azteca Moctezuma. Casi cinco siglos después, el centro médico se yergue todavía en el mismo punto, en el centro histórico de la capital mexicana. Aunque el cambio de su fisonomía lo ha camuflado a los turistas e incluso a los propios habitantes de la megaurbe. Y a pesar del paso de los años, sigue dedicándose a la misma labor. El hospital, una joya de la arquitectura colonial guarda además otros secretos, como el accidentado periplo de los restos del conquistador español, que reposan tras una discreta placa en la iglesia anexa tras haber sufrido diversas vicisitudes.

Hospital de Jesús
El Hospital de Jesús es una joya de la arquitectura colonial de la ciudad de México.

El lugar, en una conocida calle a unos cinco minutos a pie del Zócalo de la ciudad de México, está señalado con una descuidada placa a la que le faltan trozos haciéndola ilegible, por lo que miles de personas pasan por ese lugar sin saber que ese fue el lugar en el que tuvo lugar el primer encuentro entre el emperador azteca Moctezuma II y Hernán Cortés. Un episodio ciertamente poco glorioso de la historia del país, pues el emperador azteca dejó entrar tranquilamente a su capital, Tenochtitlán, al que sería el conquistador de la ciudad, que con unos 200.000 habitantes era mayor que las principales capitales europeas de la época.

Menos todavía sospechan los pasantes que en ese mismo lugar, detrás de la pared en la que está puesta la enorme e inadvertida placa, en una de las paredes del altar de la Iglesia de Jesús, reposan los restos de Cortés. Y más inusitado aún, el hospital que está situado junto a este templo, el Hospital de Jesús, el más antiguo en funcionamiento de América y el tercero del mundo, fue fundado por el propio Cortés en hace 493 años para brindar asistencia a los más necesitados, y gestionado por sus descendientes hasta los años 30 del siglo XX.

Placa que rememora encuentro Cortés-Moctezuma
Placa rememorativa del encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma.
 

El lugar era llamado por los aztecas Huitzilán, “porque es ahí moraba el dios de la guerra de los aztecas Huitzilopochtli”, explica Julián Gascón, actual director del patronato del Hospital de Jesús. Inmediatamente después de la conquista, en agosto de 1520, de Tenochtitlán, de la que habían sido violentamente expulsados los españoles meses antes, Cortés “señaló que en Huitzilán, para conmemorar la primera reunión con Moctezuma, se construiría una obra pía”, relata Gascón. Una especie de desagravio por la destrucción que llevó el conquistador extremeño a Tenochtitlán. “Por eso es la existencia en este lugar el hospital de Jesús, el primer hospital del continente americano y hoy el tercer más antiguo del mundo (en funcionamiento)”. Los otros, señala, son el Hotel-Dieu de París (fundado en el año 651) y el Saint Bartholomew de Londres (1123).

Por una disposición de los reyes de España, ahí donde se construyera un hospital, para la atención del cuerpo, se debía anexar una iglesia, para el cuidado de las almas. Y cuando Cortés regresó desde México por primera vez a España logró que el Papa Clemente VII le concediera “da una bula con la que lo hace patrono perpetuo, a él y a sus descendientes, de los hospitales y de las iglesias que fundara en América”, destaca Gascón.

"El hospital del marqués"

Por lo tanto, Cortés fue el patrono del hospital de Jesús hasta su muerte, en 1547, cuando le sucedió Martín Cortés, el hijo que tuvo con su segunda esposa, Juana Ramírez y que también heredó de su padre el título de marqués del Valle de Oaxaca, que le había concedido Carlos I. Así pues, el marquesado del Valle de Oaxaca estuvo unido durante cuatro siglos al patronato del hospital de Jesús.

El nombramiento nobiliario fue respetado incluso después de la Independencia de México y de la Revolución, hasta 1932. Para ese entonces hace mucho tiempo que la rama masculina de la descendencia de Cortés se había terminado y el linaje del conquistador se había entroncado con la familia noble Pignatelli, que tenía otros títulos en Italia, donde vivían. Entonces el presidente Pascual Ortiz Rubio determinó que para seguir reconociendo el marquesado sus titulares debían de establecerse en México, donde estaban sus tierras, aunque ya no recibían rentas por ellas.

patio del hospital de Jesús
Uno de los dos patios del hospital.
 

Desde entonces, el hospital, que en un principio se llamó Hospital de la Purísima Concepción aunque era conocido como “el hospital del marqués”, ha tenido cuatro patronos mexicanos. El doctor Julián Gascón ha ejercido el cargo en tres ocasiones, entre las cuales fue gobernador del estado de Nayarit y senador.

Pese a que desde el exterior parece aparenta una impersonal construcción de mediados del siglo XX, ya que para esa época sufrió la pérdida de su fachada por la construcción del metro bajo la calle Pino Suárez, su interior es el de un interesante edificio colonial con dos pisos estructurados en torno a dos pequeños patios. En medio de ellos hay una singular escalera colonial que conecta las dos plantas y, frente a esta, una de las pocas estatuas que quedan en el país de Hernán Cortés, un busto del arquitecto y escultor español del siglo XVIII Manuel Tolsá. En el nivel superior hay unas pinturas murales del tiempo de la conquista, uno de los cuales representa, precisamente, el encuentro que tuvo en ese lugar hace cuatro siglos entre Cortés y Moctezuma.

Las peripecias del difunto Cortés

El despacho de Gascón es otra de las joyas del Hospital de Jesús. Con un bello artesonado mudéjar, muebles antiguos (alguno de los cuales perdura desde tiempos de la colonia) y cuadros de la época colonial representando entre otros a Cortés y su hijo Martín. Gascón señala la una gran mesa redonda en el centro de la habitación y dice: “Ahí estuvieron durante siete meses en esa mesa, que tiene cuatro siglos ahí, los restos de Cortés”.

Y es que el conquistador tuvo una vez muerto una historia casi tan azarosa como en vida. En su testamento había dispuesto que quería ser enterrado en la localidad de Coyoacán (hoy un barrio en el sur de la capital mexicana), el lugar en el que instaló la primera capital de la Nueva España y en el que falleció su primera esposa, Catalina Juárez, en 1522.

Sin embargo, en principio fue sepultado en el monasterio de San Isidro del Campo, en la provincia de Sevilla, donde sus restos reposaron durante 19 años. En 1567 sus restos fueron trasladados finalmente a México junto con los de su madre, pero para ser enterrado, no en Coyoacán, sino en la iglesia de San Francisco Texcoco (en lo que hoy es el oeste e la ciudad de México), donde estaba enterrada una de sus hijas.

Iglesia de Jesús de la ciudad de México
Iglesia anexa al Hospital de Jesús.
 

Ahí permaneció el aventurero hasta 1629, cuando al fallecer Pedro Cortés, el último de su línea de descendencia masculina, llevaron el cuerpo de Cortés a otro templo franciscano, pero en el centro de la ciudad de México, para enterrarlo junto al de su descendiente. En este edificio también fue cambiado de ubicación en una ocasión, pero no salió de allí durante 165 años. En 1794, Cortés fue trasladado finalmente a la Iglesia de Jesús, uno de los lugares en los que había manifestado su deseo de ser enterrado antes de su testamento final.

La tumba escondida

Pero tampoco aquí pudieron descansar tranquilamente sus restos. Poco después de la Independencia de México, concretada en 1821, los restos de todos aquellas personalidades que habían intervenido y muerto en el proceso fueran depositados y honrados en la capital de la capital. “Pero hubo un grupo de diputados que dijeron: ‘Si los restos de los que lograron la Independencia están en la catedral, ¿por qué los restos los tenemos conservando los que hicieron la dominación de España sobre los mexicanos? Vamos a destruir el monumento”, relata Gascón.

Ante la inminencia de la profanación de los restos del conquistador de México, quien entonces era administrador del hospital de Jesús, Lucas Alamán, “una noche sacó de la tumba la urna donde estaban los restos de Cortés y los escondió en el mismo templo”, en un punto bajo el suelo del altar y apuntó en un acta el lugar exacta. Copias de este acta e hizo tres copias: una fue entregada a la embajada española, otra a sus descendientes, que ya para entonces vivían en Italia y otra se la quedó el patronato.

altar de la iglesia de Jesús y tumba de Cortés
Una sencilla placa marca el lugar donde está enterrado Cortés.
 

Ahí permaneció la urna hasta que con la instauración de la dictadura franquista en España, el exilio republicano, que era el que reconoció México, encontró el acta en la embajada y pidió permiso al patronato del hospital de Jesús para recuperarlos. Fue entonces cuando los huesos del conquistador estuvieron durante varios meses en el despacho del director del patronato, que en ese entonces era Benjamín Trillo, mientras los técnicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México los analizaban y adoptaban las medidas necesarias para su conservación.

Por fin, la urna fue depositada en un nicho en el atar, donde ahora hay una sencilla placa marcando el lugar.

El Hospital de Jesús fue desde su inicio pionero en la divulgación médica en el país. “Cuando se crearon otros hospitales se comenzó a divulgar la ciencia médica moderna que venía de Europa a través de este hospital. De tal manera que aquí se anidó la medicina europea traída por los médicos españoles”, subraya Gascón.

Después de la Colonia, también fue un centro pionero en su ramo. Entre otras cosas, se llevó a cabo la primera autopsia de América, en 1646, se comenzó a aplicar la vacuna contra la viruela en México, en 1804, y a mediados del siglo XIX inauguraron las operaciones de cataratas en el país y un siglo después fue escenario de la primera intervención quirúrgica a corazón abierto.

Actualmente sigue funcionando como hospital de asistencia social, que atiende a se mantiene gracias a sus cuotas y al alquiler de algunas oficinas en la manzana en la que se encuentra. Con 70 médicos de distintas especialidades, cobra apenas 180 pesos (el equivalente a poco menos de 11 euros) por consulta.

 
Fotogalería: La herencia del conquistador
 
 
 
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